Por Aimeé Miranda Montiel

Muchas veces pensamos que podemos acceder al espacio público sólo cuando cumplimos con ciertos requisitos, y para cada unx de nosotrxs esto se ve de diferente manera, es decir, para algunxs se verá como “ir bien vestidx”, “estar sonriente”, “ser exitosx” (sea lo que sea que eso signifique), “comportarse de x o y manera”… ¿te ha pasado que a veces supuestamente no quieres ir a algún evento o reunión porque “no te sientes bien”?, creo que más allá de si tenemos ánimo de convivir o no, muchas veces sentimos que no estamos en “las condiciones óptimas o mínimas aceptables” para que nos vean, para exponernos a lo público.
De ahí mi teoría de que “la ropa sucia se lava en casa” y que «debemos cumplir con cierta máscara o actitud cuando convivimos con otrxs», lejos de solucionar realmente lo que acontece en nuestro interior, nos hace aislarnos innecesariamente y nos lleva a juzgarnos como inaceptables. Nos autoexiliamos.
Al no estar acostumbrados a visibilizar en lo público que cualquiera la esté pasando «mal», que una persona muestre su dolor o dejarnos ver cuando estamos atravesando duelos fuertes, cuando estamos perdidxs o cuando no estamos en nuestro «mejor momento»; el esconder todo eso, genera un rechazo inconsciente y colectivo hacia lo doloroso, pensamos que el dolor es íntimo y la alegría pública ¿por qué?, nos da pena mostrarnos tristes, abatidos, deprimidos, nos da ñáñaras mirar a otrxs sufrir, ¿te has fijado que nos cuesta ver a las personas llorar?, nos incomoda de alguna manera, las reacciones más comunes son querer abrazar y consolar a esa persona para que deje de llorar o que querer huir porque qué pena ver a alguien así o porque no podemos soportar el dolor ajeno, porque tampoco soportamos el propio.
Tortuguear es mi definición para cuando unx se mete en su propio caparazón y se ensimisma tanto que los problemas se sienten más pesados, oscuros y abatidores; lejos de que la soledad se vuelva un bálsamo, se convierte en un suplicio. Por ello, no es que diga que te obligues a compartir con otrxs cuando no lo quieres, sino que te preguntes el por qué te estás ocultando, y sobre todo, si eso genuinamente te está reconfortando o sólo hace que te enredes más en tu mente.
Hacer el tortugueanding (palabra derivada de tortuguear jajaja) a largo plazo no me ha resultado, porque al final termino ciclada en mis pensamientos, me siento como un perrito mordiéndome la cola, giro sobre mi propio eje y ahí estoy dando vueltas a lo idiota, a punto de vomitar a cada tres segundos. Cuando estoy en el tortugueanding mi dolor se intensifica y mis pensamientos ni te cuento, esos se convierten en una plaga asquerosa.
Hay que replantearnos muchas cosas de lo que creemos pertinente o no para el espacio público, porque si seguimos invisibilizando una parte importante de nosotrxs que es el dolor, la tristeza, la pérdida, la muerte… entonces, estamos negando quiénes somos, pero sobre todo negándonos unxs a otrxs la posibilidad de NO tener que ser perfectxs para pertenecer y ocupar el espacio público, pero sobre todo, nos estamos negando la grandiosa oportunidad de compartir nuestros pesares para trascenderlos desde lo comunitario, que te aseguro es más ligero que hacerlo en la absoluta soledad.
Tenemos derecho a SER, no tenemos por qué estar guardándonos en nuestras casas o en nuestras mentes, hasta que tengamos una “cara aceptable o adecuada” para lxs demás. Podemos elegir dejar de esconder una parte muy real de cada unx de nosotrxs. PODEMOS ELEGIR SER AUTÉNTICXS SIEMPRE, SIN IMPORTAR CÓMO SE VEA ESO.
Así que lo mismo pasa en la escritura: HAY QUE ESCRIBIR DESDE LA VERDAD, desde lo que estamos experimentando genuinamente y eso es lo que va a conectar con lxs demás desde un espacio REAL. Aquí te dejo un pedacito de algo que escribí en este abril que ha sido uff una vorágine para mí:
La liberación es ambivalente:
una mano descansa al soltar
y la otra toma toda su fuerza
para sostener al corazón.
Si como yo estás transitando cualquier dolor, muerte, cambio, transformación, tristeza, recuerda que el verdadero ciclo es la Vida – Muerte – Vida, y que aunque des pasos milimétricos, siempre puedes seguir adelante. Abrazo enorme de corazón a corazón.
Gracias infinitas por leerme, este texto lo hice con el amor infinito que hay dentro de mí y con el deseo profundo de que todxs nos permitamos SER en la máxima expresión de todo el caleidoscopio que nos habita. Sigamos escribiendo juntxs, porque ESCRIBIR NOS LIBERA. Puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda
