Por Iris Arellanes
I.
Agarrar la luna con mis manos y saborearla,
permitir a sus pequeños brillos de lamento
adherirse en mis dedos,
estos dedos que recorren tu silueta
y tu recuerdo.
Recordar la comisura de tus labios
y tu vela encendida dentro de mi boca.
El brillo de mis dedos inunda tu cuerpo,
confuso, contuso, convulso.
Agarrar la luna con las manos y morderla
mientras su líquido cae en mi cuerpo,
blanco, sudado, tembloroso.
Agarrar tu rostro con mis manos y besarlo
mientras tu líquido cae en mi cuerpo,
blanco, espeso, espumoso.
Agarrar tu cara con mis manos y saborearla,
permitir a mis pequeños hilos de pegamento
adherirse en mis dedos y en el firmamento.
Agarrar la luna y morderla mientras
mis dedos recorren mi silueta
y tu recuerdo.
II.
Escribirte un poema,
convertirte en poesía,
pensar en ti con la luna llena de fondo
y en el fondo sigues aquí.
Escribirte una luna,
convertirte en luz,
tu voz iluminándome y mi boca llena
de tu piel, de tu miel.
La luna palpita, como esta pequeña rosa
pulsando en mi centro húmedo
cuando piensa en ti.
La luna redonda me mira y se asombra,
cierro los ojos, pero solo está tu sombra.
III.
Contemplar la luna es recordarte,
convertirte en letras es resucitarte.
Mojarte con mi jugo dulce,
bañarte de mí, amarte, dejarte,
volver a renacer y volver a alejarte.
Me estoy dejando el alma aquí.
Muérdeme, mírame,
haznos el amor,
lame la luna y mi rosa húmeda.
Regresa,
haznos ese favor.

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