El ojo de Lya | FER AMAYA – Escribir desde, por y para el mar

Por Liana Pacheco

Retomando el auge de la literatura que se escribe y edita en Oaxaca, en el mes de mayo tuve oportunidad de ser parte de la presentación literaria de Fernando Amaya, escritor oaxaqueño, cuya colección literaria es editada por FR Editor. Cuando pregunté a Omar Fabían, director editorial, de dónde era originario Fernando, mencionó que distintos lugares. “Entonces varios pedacitos de Oaxaca viven en él”, respondí. Y me fui cargando los ejemplares con la curiosidad de qué encontraría en ellos.

El primero que leí, fue EL HIJO DE LAS MAREAS. Desde la belleza de su portada, en donde apreciamos cómo el cielo se decolora de azul a la luminosidad del mar ya sabemos en dónde nos sitúa. Esta colección de breves relatos son estampas de los personajes que colorean la rutina de una comunidad. En una antología que nos aproxima a los individuos que tras el rostro de seriedad y rutina cargan una historia conocida por la comunidad.

La ágil prosa de Fernando nos comparte amenamente esas historias. En los relatos somos parte de la complacencia que se extiende entre las y los habitantes luego del arribo de una mujer del mar, sirenas les decimos en el mundo moderno. En otro de ellos nos relata la estrategia de venta de un carnicero que ofrece barbacoa de res, borrego y chivo, en cuanto llegan otros comensales, el menú cambia, mostrando al final el origen de aquella variedad de carnes. El HIJO DE LAS MAREAS, es un libro de añoranzas, inventiva y nostalgia al calor del mar que golpea la arena.

Para mantener la ambientación, continúe con MAR DE FONDO Y OTRAS CONTINGENCIAS. Otra recopilación de historias. Abre precisamente con la que da título a la antología, historias de un huracán que aconteció en 1997 y una cuarentena en los setentas. En esta historia, Fernando nos detalla cómo son las contingencias de aquellas personas que viven en cercanía al mar, que para los que hemos crecido entre la urbanidad incluso parece ficción las formas y modos en que deben sobrevivir.

Cito textual unas líneas que describen esta lucha de las personas contra la rabia del mar: «Escoltado por dos diminutos perros satandole y ladrandole al invasor (es decir el mar) solo me fue posible colocar la tabla de una puerta. El mar entró con toda su fuerza a la casa de ustedes y la anegó como lo hace con la cubierta de cualquier barco sorteando ciclón o turbonada en alta mar». Esta antología cierra con, a mi parecer, la mejor historia, que desde el título impacta:

EL AÑO EN QUE TODOS LOS DÍAS FUERON DOMINGOS. Con una narrativa propia del realismo mágico, el autor nos dibuja las simples actividades y rutinarias de un pueblo al pie de una cordillera, cuya realidad se transforma de modo abrupto cuando los siete días empezaron a ser domingo. «El mar bañando las costas no difiere en nada por el hecho de que a los días de la semana se les de diferente nombre o solo uno». Nos escribe Fernando. Pero las y los personajes no pueden acoplar su existencia a esta irrupción de la realidad, el pan no puede hornearse siempre como si fuera domingo.

Así disfruté la lectura, recreando esta ficción en mi mente, hasta la última línea. Cuando Fernando cierra magistralmente su historia, diciendo que era un tiempo identificado como el veinte viente y caí en cuenta de que era pandemia y que todos los días se convirtieron en domingo.

Después me adentré en la poesía. LEVA. Uno de esos poemarios poemarios breves, pero que cada verso sacude el alma y conciencia del lector. Luego de terminarlo quedaron en mi cabeza las palabras de Fernando, dibujadas como senderos de las pasiones qué cicatrizan en la piel. LEVA es la poesía para todos esos amores ausentes, perdidos, quebrantados o prohibidos. Innegablemente, ninguno de los que estamos aquí hemos sido inmunes a estos sentimientos.

El propio Fernando lo sabe y lo escribe de este modo: «¿Dónde estás qué en esta hora aun no me regalas el don de tu sonrisa? ¿En dónde se refugia la suerte qué me mantienen en la dura abstinencia de no saber de ti?» O en el poema MANDARINAS, que escribe: «Para hacer soportable tu ausencia como mandarinas en la madrugada. Para hacer soportable tu ausencia, no duermo si hace frío y me mantengo despierto si hace calor. Para hacer soportable tu ausencia, platico con el árbol qué crece en mi patio». Me hace recordar mis propias madrugadas de insomnio, en las que extraño a alguien, aunque yo no como mandarinas, suelo beber agua y contemplar la sombra del gato en mi ventana.

En el poemario ONCE POEMAS Y UNA CARTA DE AMOR, sentí que Fernando nos presenta una obra de arte en la que vamos descubriendo en cada verso y palabra un fragmento de la belleza de esa obra. Yo pienso que puede ser una mujer, una inspiración o quizá a todas aquellas qué han surcado su alma, que luego de terminar de leer este libro, el lector vislumbra a esa obra en su totalidad. Bien lo dice en sus fragmentos:

“Evoco tu figura con la sal de mi vida la extiendo sobre el patio… Mas todo es nuevo y limpio como las flores repujadas en el verde fulgor de tu blusa… ¿Se le puede llamar así al intento de mirar la luna profiriendo tu nombre con ahínco las letras de tu nombre?”.

Mi lectura final fue la RUTA DE LOS CUERUDOS, un testimonio hecho palabra y libro de la mano del autor. En la que plasma la historia de un lugar, una familia, que termina siendo parte de la historia de nuestro estado. Entre cartas y narrativa nos adentra al pasado, al amor, a la distancia, al olvido de las y los personajes.

Finalmente, luego de estar inmersa entre el trabajo literario de Fernando, me pregunté si aquellos que viven en torno o cercanía del mar, son en realidad inquilinos temporales de éste. En sus libros encontré a hombres, mujeres, infancias, que se deben acoplar al modo de vida que impone y exige la majestuosidad azul, hasta que ellos deciden emigrar a una vida más tranquila o hasta que su último suspiro se pierde entre el sonido de las olas.

Agradezco y celebro el trabajo de Fernando Amaya por brindarnos por medio de sus libros un vistazo y un poco de la brisa de la arena que alberga su corazón y alma.

Publicado por Liana Pacheco

Liliana Ruiz P. Escribe bajo el seudónimo de Liana Pacheco. Estudió licenciatura en Administración. Lectora ferviente que emprendió a escribir sus propias historias.

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