Maleni Cervantes
Hay una cosa que siempre me ha fascinado, para mí no hay nada como poder dar una clase de escritura creativa. Son de las oportunidades que te apapachan el corazón, ya que no hay nada como compartir una afición con alguien que tiene los mismos intereses que tú.
Cuando estaba en prepa comencé a escribir cuentitos para mis amigas o por gusto personal. Jugaba a tratar de plasmar poemas. Pese a todo, en la universidad comprendí que no sólo se trataba de un pasatiempo, sino de una manera de expresar quién era y qué quería para mí.
Desde ese momento hubo un parteaguas que me hizo prometerme que nunca dejaría de escribir así y fuera de vez en cuando. Nunca habrá algo que me haga sentir como me siento cuando dejo volar la imaginación en el intento de crear una historia nueva.
Y por la misma razón que no quisiera dejar de escribir, en las prácticas profesionales me di cuenta de que hay otra cosa igual de maravillosa: compartir lo poquito que sabemos con otras personas que también poseen interés por escribir.
Cada que yo tenía que dar un taller de escritura creativa trataba de planificar algo que les sirviera a los jóvenes. Desde teoría que pudiera ser puesta a prueba en ejercicios lúdicos de escritura creativa, hasta el uso de lecturas que les llamaran la atención y los ayudaran a conocer otra cara de la escritura y la creación de relatos.
Siempre me ha gustado que se acerquen a los cuentos como una serie de piezas que ensamblan en una totalidad aún más compleja. Debido a que, si uno quiere escribir, requiere de conocer los elementos que componen el tipo de texto que desean crear.
Más, en el caso de los cuentos, están comprometidos a comprender la importancia del tiempo, el espacio, los narradores, la trama, los personajes y demás. Por lo que siempre que revisábamos a un autor, trataba de ser cuidadosa con qué clase de ejemplo les iba a dar a conocer.
Por eso, la recomendación literaria del día es la antología de cuentos La noche caníbal de Luis Jorge Boone. Ahora me gustaría hablar con ustedes, mis queridos lectores, de la joya de libro que es esta recopilación de cuentos. Por un lado, tenemos que es un libro cortito, fácil de leer, de un escritor mexicano contemporáneo, pese a que no es muy conocido. Es un texto que sirve de ejemplo para que conozcamos los elementos primordiales de un cuento.
Hay un sinfín de maneras de abordar esta antología. Pudiéramos hablar de su peso dentro de los relatos de suspenso y terror. Pudiéramos retomarlo como una distracción en el camino al trabajo o escuela. Quizá, como una serie de historias que ayudan a comprender parte de lo que es un cuento moderno. Ahora bien, en este momento, me gustaría hablarles específicamente de la construcción de los personajes con base a los elementos que conforman su mundo y contexto de acción.
El manejo que tiene Boone en la creación de sus personajes es tan detallado y cuidadoso de acuerdo a la situación y el propósito que tiene con ellos dentro de su historia. Cada uno tiene una función, y no hay poder divino que los haga dar un paso en balde porque eso significaría echar a perder todo el relato.
En su cuento “Siempre habrá alguien detrás de ti” podrán entender de qué hablo. Tenemos un cuento escrito para dirigirse al lector como si se tratase del personaje que está realizando las acciones, lo que provoca que uno se sienta parte de la historia.
Por otro lado, el personaje se deteriora mentalmente y físicamente de acuerdo a cómo avanza el tiempo y las acciones realizadas. Es como si toda la atmósfera te absorbiera hasta que llega un punto en el que te sientes cautivo de la presión psicológica que es producto de las decisiones tomadas en el entorno dado por la voz narrativa.
El personaje culmina por ser realmente un ser psicológico y pensante que avanza por la historia como producto de un entorno opresor. En el relato vemos que la estabilidad mental del personaje se representa por medio de la manera en que se nos describe el entorno, todo tiene una función: la iluminación de los espacios, el contraste de limpieza y suciedad, la cantidad de espacio para la movilidad y la posibilidad de acción.
Por tanto, pudiéramos concluir que el relato por sí mismo no pudiera crear una atmósfera de suspenso y tensión si no fuera por la manera en que te presenta al personaje como elemento primordial de la narración conforme a los elementos que lo rodean, su realidad fantástica en la que se desenvuelve. De ahí la importancia por la cuál nos presenta a personajes al borde de una crisis psicológica o de personalidad desbordantes y efervescentes a punto de explotar en una catarsis de tensión.
Créanme que, si quieren experimentar tensión, miedo, suspenso, no hay mejor lectura que esta antología de cuentos. Dense la oportunidad de leer al menos el relato de “Siempre habrá alguien detrás de ti” donde podrán apreciar cómo convergen todos los elementos que componen un cuento para poder cautivar a sus lectores. Aunque no se pierdan de leer los otros relatos, como una pista permítanme decirles que, cada uno de ellos se caracteriza por ser único y manejar los elementos narrativos de manera distinta para provocar suspenso a lo largo de la lectura.
Esta ocasión no me atreveré a dar un adelanto de las lecturas en cuanto a trama, pero sí les doy la fiel recomendación a los lectores de que sean atrevidos para darse la oportunidad de conocer estas historias incomparables.
Referencias
Boone, L. J. (2008). La noche caníbal. México: Fondo de Cultura Económica.

