De recuerdos, aventuras y reflexiones| Navidad sin ellos

Por Tania Farias

Los meses pasaban y la primera Navidad fuera de mi país y muy lejos de casa, llegó. Llegó cargada de melancolía y de recuerdos. Llegó cargada de buenas intenciones y de deseos por descubrir las tradiciones del lugar donde vivía, pues al final de cuentas, el emigrar es también el estar abierto a todo aquello que nos es diferente.”Al mal tiempo buena cara”, solía escuchar a los adultos cuando era niña, así que con curiosidad intentaba ser partícipe de la fiesta en el hogar de la familia A.

Desde niña, Navidad ha sido y sigue siendo uno de mis momentos favoritos del año. Siempre la he esperado con alegría y entusiasmo. Una vez la fiesta de la Virgen de Guadalupe pasaba, los preparativos para la Navidad entraban en modo acelerado. Con el inicio de las posadas, las casas se engalanaban para la celebración. Aún recuerdo los enormes nacimientos que una de mis tías recreaba en el patio de la casa familiar; un pueblo entero cobraba vida alrededor del pesebre, con sus personajes tradicionales, muy a la mexicana, pues no faltaba aquella figurilla miniatura representando a una mujer echando tortillas en un comal. Tampoco podía faltar el arroyo creado con trocitos de espejo, que corría en todo lo largo de la representación. Recuerdo participar en el montaje, trayendo y llevando objetos. Y por supuesto, estaba la cena de Navidad, después de asistir a la misa navideña, en esas reuniones numerosas, donde la familia entera se sentaba alrededor de la mesa para celebrar juntos; y los niños corriendo, jugando, riendo. Después venían esos despertares emocionantes en la búsqueda por descubrir lo que “el Niño Dios” nos había traído por habernos portado bien.

Aunque las celebraciones navideñas cambiaron con el transcurso de los años, la emoción que la cercanía de dicha fecha creaba en mí, seguía tan encendida como siempre en mi corazón. Sin embargo, lejos de casa, esa emoción se mezcló con una profunda tristeza. Intentando guardar el ánimo, buscaba a través de preguntas descubrir algo especial en la manera en que la familia A celebraría esa época. Aunque no era mi familia, yo necesitaba reuniones familiares, largas mesas llenas de comensales, música, risas.

La Navidad en casa de la familia A tuvo, por supuesto, su particularidad. Aunque faltaba un tanto del entusiasmo al que estaba acostumbrada. No recuerdo que hubiéramos puesto un árbol o un nacimiento; tal vez lo hicimos, pero, en todo caso, debió haber sido tan pequeño que no lo registré en mi memoria. Además, la celebración del veinticuatro por la noche sería algo íntimo, sin ningún invitado más de los que solíamos estar en la casa de manera cotidiana. La celebración con la familia, los abuelos maternos y algunos tíos y primos sería al siguiente día cuando iríamos al lugar donde vivían los abuelos, un pueblo a unas dos horas de distancia. Y en realidad, para mí fue ese momento, en que estuvimos en medio de más miembros de la familia, en que volví a sentir un poco la alegría que solía sentir en esas fechas.

La familia A era originaria de la región de Lyon, la segunda ciudad más importante de Francia, situada cerca del centro del país. Se habían mudado algunos años atrás hacia esas regiones del sur, creo yo que por cuestiones laborales y por la oportunidad de ser los dueños de una hermosa casa donde los niños pudieran crecer con un amplio espacio. La tradición navideña que ellos celebraban, según me dijeron, era muy común en la región de donde eran originarios: Treize desserts, que como su nombre lo dice, consiste en servir en la mesa trece postres diferentes, representando a Jesús de Nazaret con sus doce apóstoles, a través de frutos secos, algunas frutas frescas y dulces como el nougat, un tipo de turrón.

Algunos días antes de la celebración fuimos, junto con los niños, y la señora C a la ciudad de Uzès para comprar los ingredientes. A mí me emocionaba el descubrir una nueva tradición la cual añoraba desde ya el poder compartirla con mi familia. Me imaginaba el contarles cómo había celebrado mi Navidad, haciendo hincapié en las diferencias.

L y yo fuimos las responsables de la decoración de la mesa, con sus trece postres y todo. Las dos nos tomamos nuestro papel muy en serio y dejamos una mesa linda, lista para la cena después de la celebración eucarística a la que asistimos a las siete de la noche. Todo era nuevo y a la vez familiar. La misa era la misma, solo que en un idioma distinto; miré alrededor y me entristeció ver las paredes desnudas del recinto; el templo no estaba adornado con colores y flores como los templos en mi pueblo, no había esa algarabía, ni esa luminosidad por la importante fiesta que celebrábamos. Las calles estaban frías; añoraba ver caer por primera vez la nieve, pero no tuve esa suerte.

De regreso a casa, nos sentamos a la mesa. Tuvimos una cena demasiado larga para mis costumbres, pero según me dijeron, era sencilla pues la verdadera celebración sería al siguiente día. Comimos los trece postres, y la celebración terminó. La había pasado bien, había descubierto nuevas tradiciones, nuevos platillos, y lo más importante, no había estado sola; sin embargo, seguía añorando mi casa, mis tradiciones, mi gran familia, los abrazos.  

Esa noche me fui a dormir con el corazón triste, con un sueño ligero en el que me transporté por miles de kilómetros para estar con ellos, con mis seres queridos. Me levanté temprano, eran las siete de la mañana en Francia y las doce de la noche en México. Llamé a casa para desearles una feliz Navidad. Por el auricular podía escuchar la fiesta que seguía en su apogeo. En ese momento tan solo deseaba tener el poder de regresar a casa.

Cuando colgué corrí a mi habitación para refugiarme y poder llorar con libertad. Los extrañaba. Navidad sin ellos, por más que lo había intentado, no había sido navidad. 

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

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