Derechos y Colores| El día después del 8 de marzo

Por Natalia Mendoza Servín

Fotografía tomada por Natalia Mendoza Servín

En todas partes del mundo, el 8M mujeres tomaron enardecidas las calles de sus respectivas ciudades exigiendo respeto a sus vidas, a su integridad corporal, a la libertad, al libre desarrollo de su personalidad, a sus estudios, a sus cuerpos… en fin, a las mujeres siempre nos deben o cumplen a medias nuestros derechos. En sus pancartas, mis hermanas traían todo tipo de consignas. Con muchas de ellas, más de algunas nos sentimos identificadas.

Entre nosotras, nos sentimos protegidas. Nos cuidamos. El bloque negro también se encarga de ello. Además de las pancartas, algunas grafitean consignas o rompen vidrios. Sin embargo, en ocasiones pareciera que luego de eso, no hay más.

Este año me llamó mucho la atención una pancarta de una chica que palabras más, palabras menos, decía: “a mi me abusaron en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), denuncié y nadie me creyó, todos dicen que soy una exagerada”. Cuando la leí, me giré hacia ella y con el fuerte sonido de mi voz, grité: ¡yo sí te creo! Y al coro se unieron otras, unas más corrieron a abrazarla. De nosotras iba a obtener todo el cariño y apoyo del mundo, pero ¿eso basta? Luego de que emití repetidamente ese grito pensé en sí nosotras podíamos hacer algo más, y mi respuesta interna fue negativa.

El día de la marcha, llevé unos tenis nuevos que comenzaron a lastimarme, así que le dije a mi hermana que regresaría a casa. Tuve que separarme del contingente y caminar al lado contrario de mis compañeras. Ya eran las siete y media de la noche y estaba obscuro, no tan solo porque otras mujeres también comenzaban a regresarse. Pero en mi trayecto de regreso sola, volví a sentirme insegura bajo el manto de la noche, mi ropa morada y verde hacía que más de algún hombre volteara a verme con cierto desprecio que infundía miedo. Me resultaba paradójico que luego de la marcha, a un escaso kilómetro de donde seguían mis compañeras en lucha, la realidad volvía a ser la misma: yo acababa de marchar, de gritar, de luchar… y volví a sentir temor por mí.

Me di cuenta que lastimosamente el día después del 8M, ¡incluso, ese mismo día donde casi todo se muestra políticamente correcto por un momento!, las cosas no

habían cambiado. Con ello, no estoy desprestigiando la marcha: es fundamental y necesaria, de eso no tengo duda y volveré a asistir en próximo año. Pero esa situación me hizo recordar a mi querido tío, Antonio Servín. Él era un hombre vivía en Ciudad de México e iba a muchos mítines y marchas de causas sociales.

Cuando aún vivía, una vez me comentó que cuando marchaba en pro de una causa relacionada con la educación un hombre con experiencia en la lucha social le dijo: la casusa de esta marcha es muy buena, pero no va a ningún lado. Mi tío le preguntó el por qué y éste respondió lo siguiente: la autoridad que tiene competencia en el tema es la Secretaría de Educación, ¿por qué esta marcha tiene como destino final la Secretaría de Gobernación?

El punto de ese hombre, era que las marchas debían ser escuchadas por todas y todos, pero en especial, por quienes pueden tomar decisiones, tienen las atribuciones y no quieren hacerlo. La marcha a la que yo asistí fue en Guadalajara y mi contingente finalizó en la rebautizada Glorieta de las y los desaparecidos, que sin duda, es simbólica para el movimiento feminista… pero no había autoridades escuchando. Otro camarada me comentó que sus amigas feministas consideraban importante que las peticiones y reclamos, incluso, fueran entregadas por escrito a las autoridades y que cada 8M, en la marcha, en presencia de todas y también de las autoridades, se evaluaran los avances.

Mucho por luchar, pero estamos cada vez más unidas. ¡Sigamos arrebatando derechos!

Contacto en X: @Nataliamese

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

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