Entre sombras y trasluz | Escribir sobre una pila de platos sucios

Por Karen P. Magallanes

¿Qué mundos tengo dentro

 del alma que hace tiempo vengo

pidiendo medios para volar?

  Alfonsina Storni

Últimamente me siento a escribir y olvido la intención tan pronto como acabo mi taza de café. Hay tantas cosas por hacer, pero al sentarme frente a la computadora a beber el descubrimiento de un tal Kaldi, se detiene el desenfreno del día a día. Es como un pequeño ritual que precede al proceso de perderse en los bucles mentales de la escritura, aquellos donde no debería colarse la larga lista de pendientes, el mensaje de WhatsApp que dejé en visto hace una semana, el paseo del perro y los platos sucios de anoche. Pero tan pronto como se acaba aquel líquido, recuerdo los mandados, las lecturas incompletas; recuerdo que ya no tengo calcetines limpios y que si no lavo ropa en este momento no tendré nada que ponerme.

Me levanto del escritorio y doy por terminada la sesión de escritura. «Pero aún tengo mañana», me consuelo. Al día siguiente lo olvido luego de la cita con el dentista, el paseo del perro, la compra de materiales para «X» o «Y» taller, los estudios, el pago de la tarjeta de crédito. Pronto vendrá el fin de semana donde el descanso obligado aliviará un poco el frenesí de atender las aparentes urgencias de la vida.

Llega el sábado, me siento frente al archivo en Word mientras avanzan las manecillas del reloj. Intento tener una idea en esta carrera contra el tiempo, pero me quedo en blanco. No encuentro ni una palabra. «Lees a tantos autores, escuchas tantos podcasts, hablas con tantas personas, y ahora resulta que no te llegan las ideas», me recrimino. No tengo letras esta noche, menos cuando la pila de platos sucios sigue esperando con el mole pegado del almuerzo.

Esa vajilla sucia es el testigo del día atareado. Cierro la computadora; no hay palabras para mí, solo platos. Enjugo mientras me pierdo en los remolinos mentales, la materia gris se alborota y recuerda todo lo que podría estar escribiendo si no tuviera que cumplir con esta tarea mundana que nos separa de los cavernícolas. La mente comienza a inventar historias, personas inexistentes, vidas apasionantes. Me digo que planear es el primer paso de la creación, como un consuelo por estar escribiendo en la mente, como si trazara las palabras en los restos de comida de la vajilla cada vez más limpia. «Mañana escribiré sobre eso», pienso, enjugando la taza de café.

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Karen P. Magallanes

Escribe desde la ciudad del sol. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora y tiene un Diplomado en Literatura Mexicana del Siglo XX por el INBAL. En 2019, fue seleccionada en el taller literario “Un año, una novela”, de la escuela de escritores del Instituto Sonorense de Cultura. Ha formado parte de diversos talleres de escritura creativa y de corrección de estilo. Actualmente, labora como redactora de contenido y teje letras en el silencio nocturno.

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