Por: Ximena Moranchel
He vivido en 8 casas desde que empecé a vivir sola, 8 diferentes espacios en 4 ciudades distintas. 8 casas en 8 años. Hasta hace un año nunca había tenido una planta. Es una de las implicaciones de estar siempre de paso, de andar siempre volando. Porque no sólo es que mi vida sea itinerante, sino que también es incierta. Pocas veces sé cuánto tiempo me voy a quedar en cada sitio. Eso se define sobre la marcha, sobre las vueltas del día a día. Por eso nunca hay plantas en mis ventanas, o muebles propios, o utensilios de cocina ostentosos, ni ornamentos que adornen las paredes. No le veo el caso, cuando más temprano que tarde cambiaré ese lugar por otro, que probablemente quede bastante lejos como para trasladar todo eso que suele vestir el interior de un hogar. Viajo con pocas maletas llenas de ropa, un par de zapatos, algunos libros, una que otra artesanía y un chingo de recuerdos. Nunca me ha molestado. Me gusta la emoción de lo desconocido, la nostalgia permanente, la sensación de libertad que me da el saber que puedo irme cuando quiera y que no acumulo objetos que me atan a un sitio. Me gusta vivir ligera, suficientes cosas ya carga una como pa’ seguir echándole a la valija.
Hace un año caminando por mi barrio; y digo “mi”, porque aunque como siempre, en algún momento dejará de serlo, mientras vivo ahí, es mío; encontré en una callecita un local en el que vendían plantas, una mujer pequeña y de origen chino sentada en el medio del cuarto, en una silla blanca que resaltaba entre todo el verde que nos rodeaba, y sin dejar de sonreír se convertía en la publicidad perfecta que lograba hacerte entrar. Ya adentro comencé a preguntarle a la china con un genuino y nuevo interés sobre los distintos nombres y cuidados de todos esos seres que estaban a nuestro alrededor. Y de pronto me encontré a mí misma saliendo de esa tienda con un hermoso Potus o teléfono, como lo llamaba mi abuelita, entre las manos.
Caminé de vuelta a mi departamento y coloqué a Potus en una mesita en medio de la sala, y me senté a contemplarlo. No es algo que haga seguido, eso de sentarme a contemplar una planta dentro de una casa. Me pasa en la montaña, en la playa, incluso en las calles de grandes ciudades, pero nunca en una casa.
Pero ahí estaba yo admirando a ese ser que a partir de ahora compartiría el living conmigo, observándolo detalladamente, como esperando a que en algún momento me diera la respuesta a una pregunta que yo desconocía.
No entendía por qué, pero sabía que ese momento era importante, que no debía de olvidar esa tarde, ni todo lo que me estaba haciendo sentir. Una mezcla de desconcierto al no comprender la razón por la cual había comprado una planta cuando sabía perfectamente que otra vez me iba a ir, sumado al cosquilleo en el estómago producto de los nervios e ilusión que me generaba pensar, que algo estaba cambiando aunque no lograra descifrar qué.
Han pasado varios meses desde que ya no vivo ahí, ni en esa casa, ni en esa ciudad. Potus ahora comparte el espacio con un amigo. Y yo aún no tengo plantas en mi nuevo hogar. Hace algunos días mientras tomaba un taller y tomaba café en la cafetería de mi nuevo barrio, como la última pieza que faltaba para armar el rompecabezas, apareció por primera vez un pensamiento: ¡Qué ganas de echar raíces y cuidar por un rato largo las raíces de otro!

Ximena Moranchel Gutiérrez. Licenciada en Psicología Clínica por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Cursó un semestre de la licenciatura en la Universidad de Buenos Aires. (UBA). Ha participado en diversos talleres entre ellos en el curso de Psicoanálisis y Género impartido por Ñandutí. Actualmente trabaja de manera independiente, dando terapia en línea en su mayoría a migrantes hispanohablantes. En el 2016 migró a Buenos Aires y desde entonces su corazón está dividido entre dos lugares; México y Argentina. Feminista, viajera y nostálgica a tiempo completo. Escribe para no asfixiarse y lee para poder respirar.
- Instagram: https://www.instagram.com/ximemogu
- Facebook: https://www.facebook.com/nohuicpapsicoterapia
También te pueden interesar otras publicaciones de esta columna:
