Por Aimeé Miranda Montiel

Este año tomé un curso de autobiografía de dieciséis semanas, mas que un espacio de escritura, fue una burbuja de sanación, de introspección, de autodescubrimiento y un proceso de mirarme, de mirar todo el mundo a través de mis recuerdos, de mis puntos de vista, de mi sentir…
Y fue ahí, que se me hizo interesantísimo cómo es que hay ciertas memorias que tenemos muy nítidas, hay recuerdos que están difusos, hay momentos de nuestra vida que hemos olvidado por el paso del tiempo o debido al enorme esfuerzo que a veces hacemos para bloquear el dolor o una experiencia que asumimos como horrible.
Los recuerdos, siempre me remiten a una frase de García Márquéz que aparece en su libro autobiográfico Vivir para contarla: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.”; y es que quién nos puede garantizar que nuestras memorias son fidedignas, que lo que nosotros asumimos como “realidad” es lo que en verdad pasó, y no una rara asociación entre: imágenes, memorias pasadas, puntos de vista, estado de ánimo, emociones, puntos de referencia anclados a experiencias anteriores, y muchos elementos más que le puedes añadir a ese extravagante cocktail que son los recuerdos.
Para mí “no hay una realidad”, sino versiones de la misma, cada ser humanx, tiene una historia de lo que pasó, e incluso, cada persona puede ir modificando sus recuerdos o las emociones relacionadas a estos, con el paso del tiempo o al adquirir nueva información, que le permita tener una perspectiva diferente, del evento en sí, de las personas involucradas en él o de su rol dentro de esa vivencia.
Pero aún que existan doscientas mil versiones de “la realidad”, para mí ha sido un gran ejercicio escribir textos autobiográficos, pues me han dado una perspectiva sobre mi misma, sobre lo sucedido en mi vida, e incluso me ha permitido recordar lo valiente, inteligente, poderosa y fuerte que soy, en fin… escribir la vida misma, nos hace esclarecer parte de nosotrxs que de alguna manera tenemos necesidad de recordar, de descubrir, de sanar, de liberar, de reinterpretar…
Por eso, te invito a escribir sobre ti, sobre tu vida, si lo que escribes es verdad o ficción, será lo de menos, lo importante es que escribas tu “recuento de los daños” (alusión a una canción ¿noventera?) a tu manera, en la perspectiva de quien eres hoy y listo… chance mañana o en unos años, puedas escribir una nueva versión esos mismos recuerdos, de ti mismx… pero por ahora escribe lo vivido, resignifícalo y libérate.
Para cerrar, te comparto un pedacito de un texto autobiográfico que escribí durante mi curso:
“…durante gran parte de mi vida lo que me sucede es que no escucho sólo las palabras cuando alguien habla, sino que percibo la energía detrás de las mismas, o incluso los pensamientos que la persona esta teniendo mientras habla conmigo…”
Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia_eclecticaheal.
Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.
