Entre calles y páginas | Un espacio propio también necesita flores

Por Ángeles Serna

Bloom – is Result– to meet a Flower

And casually glance

 Would scarcely cause one to suspect

 The minor Circumstance

 –Emily Dickinson

Hace unos días, platicaba con un amigo sobre Envía Flores, reconozco que, por un tiempo, me salvó de algunos compromisos. Gracias a ese uso recibo los típicos correos de descuentos, promociones y las fechas “importantes” para enviar algún detalle. En esa conversación, recomendé el servicio, seguido de la pregunta “¿le has enviado flores a alguien?”, su respuesta fue que sí, específicamente a sus parejas –o exparejas–. Después de esa tarde me quede pensando en la acción de dar flores.

Este año, también he visto en redes sociales fechas especiales –no sé si nuevas o visibilizadas– para regalar flores de cierto tipo, esto se suma a la cantidad y costo de las mismas. Mientras más caro y grande el ramo hay más compromiso y mejores sentimientos –o simplemente más reacciones en Instagram o Facebook–. El tema de regalar flores me ha perseguido por varios días. Creo que a diferencia de estas situaciones que acabo de describir, nunca he esperado flores de alguna pareja o por una situación en particular.

Desde siempre, en mi casa, se ha acostumbrado a tener jarrones llenos de flores. Recuerdo que mi mamá me llevaba a comprar los ramos de rosas y tulipanes a unas florerías que están en Venustiano Carranza una avenida del centro de Monterrey. No esperábamos un motivo especial, sólo mi mamá tenía el gusto porque tuviéramos flores en casa. Esto se me hizo costumbre y, aunque, ya no voy hasta el centro de la ciudad a conseguir mis flores, sí es algo que está en la lista del súper de cada quincena.

A inicios de este mes, una amiga me acompañó a surtir mi despensa y vio que llevaba mi respectivo ramo de flores, me preguntó “¿por qué no esperas a que te las regalen?”. Entonces pensé “¿por qué esperar a que otra persona me dé algo que quiero?”. Sé que la idea, o mejor dicho, tradición de regalar rosas viene desde la mitología griega, según esto, regalarlas simboliza la conquista. Considero que, a pesar de tradiciones, leyendas y estas prácticas sociales, comprarse flores representa parte de la independencia emocional y económica de una persona, específicamente, de las mujeres.

Esto me hizo pensar en varias obras como Una habitación propia (1929) de Virginia Woolf, La mujer habitada (1988) de Gioconda Belli y Una carta a escritoras tercermundistas (1980) de Gloria Anzaldúa. En cada uno de estos textos se destaca la autonomía de la mujer desde la importancia de tener un espacio propio hasta el manejo del tiempo para realizar actividades de interés como escribir –pero puede ser cualquier otra–. Además, en estas obras se presenta la relevancia de independencia económica, sin embargo, también se expone algunas de las dificultades –y desigualdades– a las que nos enfrentamos las mujeres para lograr esa independencia. Gloria cuestiona “¿quién tiene el tiempo o la energía para escribir después de cuidar al marido o al amante, los hijos, y casi siempre otro trabajo fuera de casa?”.

El ingreso económico y el tiempo son retos con los que las mujeres lidiamos cada día. Pero que hemos sabido superarlos para encontrar espacios en nuestra agenda para familia, amigos y, lo más importante, nosotras mismas. También hemos conseguido el desarrollo profesional y laboral, a pesar de la brecha salarial por género. A lo que voy con todo esto, es que las mujeres hemos conseguido apropiarnos de espacios desde lo personal hasta lo colectivo. Incluso, hay un término muy utilizado en estos temas que es empoderamiento (el término original en inglés es empowerment), Brígida García lo define como “ampliación de las capacidades individuales, pero también con el acceso a las fuentes de poder” (2002, p. 222).

Es preciso recordar, desde palabras de Foucault, que el poder está inmerso en las relaciones sociales y determina el acceso y control de diferentes recursos. Actualmente, las mujeres podemos ser propietarias de bienes materiales, trabajar y conseguir ingresos propios. Se podría decir – y con muchas excepciones– que la mujer contemporánea tiene la opción de ser independiente. Sin embargo, existen otros factores relacionados a las interacciones sociales desde el poder de los actores. El modelo de empoderamiento de la mujer que plantea Jo Rowlands (1997) consiste en tres dimensiones:

La personal (desarrollo del sentido de ser, de la confianza y de la capacidad individual), la referente a las relaciones cercanas (habilidad para negociar la naturaleza de la relación y las decisiones que se toman en su interior), y la colectiva (participación en estructuras políticas locales o informales, internacionales o formales; acción fundamentada en un modelo cooperativo y no competitivo).

(García, 2002, p. 227).

A pesar de que el cuestionamiento inicial del texto es ¿por qué esperar a que alguien más nos regale flores? Considero que la reflexión va más allá del poder comprarse o no cualquier objeto. Primero presento la importancia de la independencia económica y, después, lo relaciono con las dos primeras dimensiones de empoderamiento de Rowlands, ya que se encuentra la capacidad individual y la toma de decisiones, porque no sólo basta con tener los recursos y las herramientas, sino también tener esa independencia emocional para concebirnos como seres autónomos. Mi objetivo con este texto no es demeritar la acción de regalar flores, al contrario, es revisar y cuestionar el por qué las damos y por qué las esperamos.  Además, así como hemos creado nuestros espacios, sean casas, cuartos, cocinas, salones, bibliotecas, en dónde hayamos encontrado un espacio para nuestro desarrollo personal, también es responsabilidad de nosotras habitarlo con lo que nos representa.

García, Brígida. (2002). Empoderamiento y autonomía de las mujeres en la investigación sociodemográfica actual. https://estudiosdemograficosyurbanos.colmex.mx/index.php/edu/article/view/1162

Angeles Stefanya Serna Moreno

Angeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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