Por Andrea Aviña Cardoso
Cuando comencé a leer esta novela de Mayra Santos-Febres vinieron a mi cabeza otros libros con la misma temática como El lugar sin límites de Donoso, Tengo miedo torero de Lemebel, Cobra de Sarduy o El beso de la mujer araña de Puig. No obstante, sin desdeñar este vínculo, pienso en esta escritora como parte importante de la tradición literaria caribeña, así como a partir de mi lectura de la colección de cuentos Pez de vidrio y la novela de Fe en disfraz. En este sentido, algo tenía claro: el cuerpo sería la excusa ideal para nombrar la diferencia, así como para construir y representar identidades marginadas.
Como me sucede en otras ocasiones, con apenas unas páginas leídas, ya tenía claro qué elemento guiaría mi lectura: la indefinición, el hogar de Selena. Esta novela se articula alrededor de la historia de Sirena Selena, un adolescente huérfano acogido por Martha Divine travesti que lo guía en su camino como cantante de boleros. Éstas emprenden un viaje de transformación a República Dominicana, la primera porque quiere convertirse en la diva del Caribe, la segunda, necesita el dinero para una operación que le permita identificarse con su propio cuerpo.
La indefinición, en cualquier circunstancia, nos empuja a cuestionar las cajas conceptuales que hemos aprendido y reproducido con la intención de explicarnos la realidad. Por eso, es imposible no reparar en el desplazamiento de Selena dentro de la novela. Siempre es apasionante preguntarnos qué nos dicen los nombres de los personajes: en El banquete de Platón la luna, personificada por Selene, es un personaje andrógino: “el sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol”. De su nombre se desprende su peculiaridad y es por eso que resulta tan obvio que las referencias a este personaje se alternan entre él, lo, ella, la. No obstante, encontramos también otros desplazamientos, Selena transgrede no sólo la frontera del género, sino también las de clase y edad, todo esto a través del travestismo.
Andrea Trinidad Aviña Cardoso
A lo hecho, no hay remedio. Andrea Trinidad Aviña Cardoso (CDMX, 1995) un día decidió que iba a escribir sobre todo lo que leyera. Ha compartido textos en las Revistas Falabros y Primera Página. Compensa su torpeza con la poesía a través de su proyecto Mujerío Gestos Poéticos.
