Por Jeanne Karen
…y por eso hay que dormir
llegarán las noches y las mañanas
y nos acercaremos al puerto
por qué llorar entonces
hay que creer que llegará el día
ahora durmamos ya y que nos acune
el compañero sueño
Iván Blatný
Máquina Verde es el nombre de mi columna literaria, porque recuerdo las primeras veces que intenté poner en orden mis ideas y recibí una máquina de escribir en un tono verdoso, -regalo de mi papá-; yo miraba detenidamente los detalles, las teclas, la cinta, el espaciador, era maravillosa y era enteramente mía.
Ese presente, me impulsaría por primera vez a redactar algo más allá de lo que estaba en mis cuadernos, pensaba que sería algo serio, un poco más cercano a la realidad, a esa adultez que soñaba llena de horas dedicadas a la lectura y a la propia escritura, a un trabajo intelectual que sería difícil, pero que más allá de todo el esfuerzo, por fin algún día podría ver un libro publicado, con trece años, una puede pensar tantas cosas.
Lo que más amaba de abrir un libro o de comenzar a mirar una buena película era el deseo de que algún día, otra muchacha al abrir mi libro, imaginara también lo incierto y lo terriblemente hermoso del mundo y tendría las palabras necesarias para describirlo, para mostrarlo.
Supongo que muchos soñamos que nuestro trailer, -esas líneas de fuego por las que uno simplemente temía, pero también deseaba tener-, fueran la revelación de fenómenos para los que no estábamos hechos, para una serie de vicisitudes que podrían haber sido escritas por algún poeta hace muchos años o tal vez hasta por un robot.
Fui desarrollando el sentido del comienzo, todo debe explotar, sin dejar de ser sugerencia, debe fluir el río del genio, pero también nos debemos dar la oportunidad de mirar a un cielo lleno de fuegos artificiales.
Ahora escribo sobre esa primera vez frente a la Máquina Verde, la hoja en blanco era un campo desolado, una playa vacía, un territorio lunar inexplorado, un poema sin final y me dejé llevar, abrí paso al lenguaje, a la poderosa imaginación.
Tantos años desde entonces y aquí estoy, tratando de resolver en mi mente otra vez, qué texto dejaré sobre la hoja virtual, estoy por ahora repasando en mi cabeza esos poemas y diálogos que necesito escribir; ¿cómo abrir la conversación, cómo decirles de la dificultad de ser una poeta, de escribir desde un país donde sus habitantes apenas leen, cómo vivir de lo que amo, de lo que hago, de lo que sé?, si las propias instituciones dedicadas al arte y a la cultura ponen muros infranqueables, con o sin intención, para que los artistas podamos apenas seguir.
Después de la pandemia fue difícil recuperar las lecturas en espacios públicos, festivales, invitaciones, presentaciones, ventas de libros, ¿qué le diría a aquella muchacha?, ¿le fallé?, la vida no se puede escribir y vivir a la vez, no alcanza para el sueño, no habrá un anzuelo de oro que atrape a los lectores, a los editores, ¿qué poderosas palabras se pueden usar para dinamitar una realidad ya tan demolida?
Sin embargo mi parte necia, mi yo salvaje me arroja a examinar las cosas, a llegar un día a esos versos que abren un texto impresionante, ya lo demás es mi sudor, mi arrojo, ese trabajo que he realizado sin descanso por muchos años.
¿Vendrá el momento de por fin llegar ahí, a esa especie de paraíso donde una vive de lo que hace?
Entonces, el desvelo, la tristeza, las lágrimas, los dedos adoloridos por tanto teclear, corregir y editar, habrán valido la pena, porque escribir para mí no es solamente el mero acto mecánico, implica también repasar lo vivido, escudriñar en los cajones desconocidos, encontrar líneas que jamás imaginé que estarían ahí. Escribir es para mí la extensión de mi propio ser, la rareza, lo íntimo, lo estético, lo común, la alegría, toda esa que soy, que busco.
Nos encontraremos para la próxima, en estos espacios sublimes e infinitos del multiverso electrónico para continuar con esa larga charla que es nuestra existencia, nuestra mirada y la palabra escrita.

Jeanne Karen
Jeanne Karen (San Luis Potosí, mayo de 1975) Tiene quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023.
Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999.
Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.
