Escribiendo sobre lo que nació para ser escrito | ¡Pásele güerita!

Por Dayane Ortiz

“Nombre güerita esto ya no es lo mismo que hace unos años, el tiempo cambia y cada vez esto se pone peor, pero viera usted que yo no dejaría esto ni aunque dios me ahorcara, dígame, ¿Cómo es que uno deja lo que le ha dado de comer toda la vida? Prácticamente esto es mi hogar, la central de abastos es mi hogar” Dijo el señor Braulio mientras me daba el kilo de chile serrano que le pedí.

Fundado el 22 de Noviembre 1982 con cimientos rígidos que se recorren a lo largo de 327 hectáreas, siendo fiel testigo de los amaneceres y atardeceres  que regala el cielo en las avenidas Eje 5 y Río Churubusco de la ciudad de México, generando más de 70 mil empleos a la gente de su pueblo y recibiendo día con día  112 toneladas de productos que desde todo la república lo visitan; está  construido  el mercado más grande de Latinoamérica o como es bien conocida la Central de Abastos de la Ciudad de México.

Dividida en 8 sectores y con naves enumerados de la A a la W tal cual como lo marca el abecedario, la central de abastos cuenta con todo tipo de productos para las necesidades básicas y un poquito más; abarrotes, cítricos, plásticos,carnicerias,pollerias, flores,  y una infinidad más de productos que más allá de adornarla como un lugar potencialmente económico lo hace ver  un lugar 100% mexicano.

Siempre que evoco este sitio es inevitable sentirme ahí con mi padre a mi diestra arrastrando un carro de mandado en el que apenas y se asoman unas cuantas frutas y verduras. Mi madre a mi izquierda me aprieta la mano, me repite que no la suelte y como si fuera canción me  dice los precios en voz alta para que los recuerde y así sepamos cuál nos conviene comprar. Si bien es cierto nunca los recuerdo bien, pues mis sentidos no suelen estar en sintonía, están dispersos, volando, analizando,viviendo, degustando estar en la central de abastos. No los culpo, pues mientras mamá habla la interrumpe a casi 5 centímetros de su oreja una voz varonil  “Buenas, güerita no va querer cecina, está fresca y  viene desde Yeca” -me gusta que le llamen Yeca, siento que cada que lo hace, la recuerda con amor- Giró la cabeza  para cerciorarme de donde viene el sonido y lo veo; es un señor que trae unos 10 kilos de cecina en un cesto de mandado y una sonrisa que apenas revela el cansancio de  horas de caminar ofreciendo.

Rápidamente mi atención se dispersa y mi cuerpo se alerta  pues a los lejos y con un silbido que lo previene viene el diablero corriendo y gritando “Golpe avisa”, siempre que lo escucho suelo moverme en segundos al puesto más cercano, pues papá dice que si no te quitas te llevan  entre las llantas del diablo. Mientras mi alma intenta escapar en un suspiro  a un sitio de más paz y con más serenidad como si fuera un concierto de ópera  y al compás de una misma voz hombres, mujeres, niños y niñas la regresan  resonando  cánticos que dejan ver y saber la variedad de productos que te ofrecen. En la central de abastos alzan  la voz sin distinción, sin raza, sin género  y con mucho impetú; se simbra cada pedazo de su tierra con voces que dicen: «¿Que va a llevar?, ¿Cuántos va a querer,hermosa? ¡Pasele,pasele!”  y mi favorito y el más conocido por todos aquellos que hemos ido a comprar a un mercado de México «Pásele güerita».

Estar en la central de abastos es una verdadera travesía y una experiencia que todo ser humano debería de vivir,no importa el sitio de donde nos visite, si es mexicano o no, si ha estado en un mercado o no,pues, la central de abastos está hecha de raíces, de raíces bien sembradas con sudor,lágrimas y desvelos.

Y aunque el olor que en ocasiones emite sea a verduras putrefactas y flores marchitas estar aquí es degustar de su gente, del lugar, de los olores, degustar de la esencia de la central de abastos de la Ciudad de México.

En pleno siglo XXI y con un mundo completamente nuevo por llegar estoy segura que la Central de Abastos siempre será lugar de huacales y chamba, un orgullo mexicano y para muchos mexicanos como para Don Braulio  siempre será un hogar.

Dayane Ortiz

Hola, me da mucho gusto que mis letras hayan llegado a ti, Soy Dayane tengo 19 años y soy una
estudiante de medicina, aficionada con la luna y amante de las letras, pero sobre todo soy una mujer valiente, fuerte
y resiliente.
Gracias por la oportunidad al leerme.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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