Entre sombras y trasluz | Victoria

Por Karen P. Magallanes

Me siento dispersa,

Sublimada como nube,

No encuentro la cabeza,

¿Será que la sopló el viento,

o que naufraga en mi marea?

La noche apenas caía cuando Victoria se dio cuenta de que iba a morir. No esta noche, ni la siguiente, ni siquiera en un par de años, pero a medida en que las horas en vela pasaban, se le ocurrió de repente un rostro arrugado donde, en los recovecos de la mirada, la anciana aún guarda sus sueños. La vieja es ella, esa es la pesadilla. Se muere así, soñando, porque los logros son para los jóvenes, o eso le han dicho, y ella ya no está ni tan joven ni tan vieja, ni tan nada.

«No, aún no, pero algún día», concluye. Da un giro más en la cama, pero esa voz molesta, la propia a sus adentros, no deja de decirle que no puede descansar si aún no ha ido al espacio, publicado un bestseller, o ha criado mínimo a un hijo. «Nadie que no haya hecho nada extraordinario, o lo mínimo indispensable para justificar su existencia, debería dormir en paz», le dice la voz trastornada.

Se pasa los dedos entre el cabello enmarañado y casi en automático, se dirige al baño para mirarse en el espejo. Observa su frente lisa, sus ojos sin señales de edad, pero sí de cansancio. Piensa con nostalgia en aquellos tiempos en los que en su mirada se encontraban estrellas.

Vuelve a la cama. Tic, tac, tic, tac. Las horas pasan, hasta que la vence el sueño. De pronto, abandona la pequeña habitación en un séptimo piso y vuelve a caminar por el campo de la casa de sus padres, en aquel pueblo en la sierra oaxaqueña donde hace muchos años decidió poner un pie fuera para, con un poco de suerte, subir a los escenarios como los grandes artistas.

A lo lejos ve su hogar, recuerda el carente abrazo de papá y el olor a suavizante cuando su madre recorría la casa repartiendo la ropa limpia. Piensa en ese lugar con añoranza y resentimiento. Se le ocurre que quizá, de no haber nacido en un sitio como ese, pero sí uno en la ciudad, en un barrio mejor acomodado, ella de seguro cantaría en escenarios con reflectores casi tan brillantes como alguna vez fue el brillo de sus ojos. Por el momento, lo que mantiene en pie su espíritu de artista son los viernes de éxitos de los noventa donde, por una hora, uno que otro oído la escucha entre el sonido de las máquinas del casino.

Inhala. El olor a petricor combinado con el dulce cítrico de las orquídeas la regresa al pasado. De nuevo, se siente una niña que corre con pies descalzos por el campo y canta. «Deberías ser de esas de la tele», escucha decir a su hermanito, ese primer fanático cuyo entusiasmo mantuvo vivo el sueño por años.

Vuelve a usar su voz. Canta. Canta para el viento, los grillos y la montaña. No hay barreras, carencias ni rutinas que decidan la dirección de su voz. Canta sus canciones, aquellas que escribía cuando aún tenía ganas. Se acuesta en el campo e inhala una vez más. Goza de sentirse, por un momento, Victoria, la persona, y victoria, sinónimo de su nombre. Tic, tac, tic, tac, es hora de despertar.

Abre los ojos. Recuerda la libertad del sueño con un nudo en la garganta, pero se consuela de que aún, en ese intangible, es aquella chica de la sierra con unos sueños que quizá algún día lo sacudirán todo. Se recoge el cabello en una coleta, se pone el saco y viste la esperanza como estandarte en el alma antes de salir corriendo al metro. Tararea para sí, pues recuerda que siempre la escucha el aire que ella respira. Esta mañana, en el cielo nublado de su mirada, se asoma un rayo de sol.

Karen P. Magallanes

Escribe desde la ciudad del sol. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora y tiene un Diplomado en Literatura Mexicana del Siglo XX por el INBAL. En 2019, fue seleccionada en el taller literario “Un año, una novela”, de la escuela de escritores del Instituto Sonorense de Cultura. Ha formado parte de diversos talleres de escritura creativa y de corrección de estilo. Actualmente, labora como redactora de contenido y teje letras en el silencio nocturno.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

Deja un comentario