Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Cajas de Navidad.

Por Arizbell Morel Díaz





La mañanas frías y claras están sobrevaloradas, pensó Ana mientras bajaba los escalones de su casa a tropezones apresurados (uno a uno, con calcetas frías sobre la baldosa verde con bordes amarillentos); lo que verdaderamente importa es saber que un día está listo para estrenarse, que no importa la cantidad de momentos que contengan veinticuatro horas, de todos modos, se puede volver a comenzar

En la cocina había café recién hecho (siempre negro, nunca de olla, repartido en dos tazas casi iguales: una rosa, la otra color capuchino, su madre era una persona de rutinas.) pero ella no tenía tiempo de beberlo, así que lo vació en un termo y cual conejo de Alicia en el País de las Maravillas guardó un gran reloj en su bolsillo y salió corriendo al metro.

Paso a paso sobre las baldosas, sabía que ya era demasiado tarde…

…que lo más probable es que no alcanzara a llegar…

…pero que podía ocurrir un milagro…

…una historia de Navidad que hiciera que todo el esfuerzo hubiera valido la pena…

Pero olvidó que no traía su boleto (y la fila para la taquilla era interminable).

Resignada, enfurruñada, se colocó detrás de un señor que bien podría ser un costal de huesos si se quedaba quieto el tiempo suficiente. 

Entonces se dio cuenta, entonces las vió.

Un montón de cajas de Navidad apiladas en un puesto de revistas viejas en aquella olvidada estación del ombligo del mundo mexicano.

Las quiso todas: la de copos de nieve, la de renos con cascabeles y, sobretodo, las de nochebuenas escarchadas. 

Contó el cambio que traía en las manos, (unas cuantas monedas percudidas) mientras se acercaba al señor que— más que vender dossiers—- escuchaba música de una vieja radio dorada en un rincón.

(Ana siempre se encontraba rodeada de señores, por más que corriera, pareciera que el mundo les pertenecía a ellos. Al menos el mundo de la calle, como si las millones de mujeres que lo transitaran se vieran menos, incluyéndola.)

Con la premura de la negociación, olvidó por completo su apuro anterior: Llegar a un evento irrepetible que hubiera alterado el curso de su vida por un par de días.

A veces lo realmente importante, se encuentra en las pequeñas cosas, en los detalles que no se alcanzan a ver…

En ocasiones, caemos en espejismos del deber ser, de la moda de aparador, de aquello a lo que me gustaría pertenecer…

Qué fortuna que Ana cambió ese día…sino, quién sabe dónde estaría…

Y es que cuando una encuentra el deseo de su corazón, el rumbo de la vida cambia.

No puedes ignorar lo que está frente a ti, te llama y cual imán gigante te mantiene atada a su centro. 

No hay escapatoria para el verdadero amor. 

No hay segundas oportunidades. 

Una puede viajar toda la vida con prisas, creyendo que lo que realmente importa se ha encontrado. 

Hasta que chocas con la verdad, con lo realmente valioso.

Entonces, no hay vuelta atrás…

Apiladas las cajas en sus brazos, comenzó a caminar por las calles de la Ciudad, sin un céntimo que le pesara en los bolsillos. 

¿A dónde se dirigió?

Eso, no es lo que importa.

Porque el destino puede contener mil cosas, como unas cajas vacías que te pueden llevar a cualquier lado. 

Ana lo comprendió en el instante en que las vio: lo que importa no es el exterior (que podía ser bonito si te gusta lo barroco) sino aquello que puede contener una vida, una existencia, aunque sea de cartón.

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).

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