
Por: María Daniela Ortiz Soriano
A Julieta no solo le rompieron el corazón, sino que también le destruyeron su estabilidad emocional. Comenzó cuando atravesaba un momento difícil en su vida, tenía muchos problemas familiares que se reflejaron en su desempeño escolar y, para su mala fortuna, empezó una relación amorosa con Diego, un chico que adoraba ser la prioridad de todos.
Se conocieron en una fiesta que el amigo de un amigo había organizado. Casi al mes, tal vez un poco menos, Diego le pidió ser su novia: ella era su prioridad y admiración; mientras que Julieta sentía haber encontrado su alma gemela en él: cada fantasía, cada anhelo, cada sueño de amor que ella haya tenido, fue complacido por Diego… pero al tercer mes, las cosas comenzaron a cambiar tan rápido, que Julieta, no entendía por qué su relación perfecta se había vuelto insostenible.
Diego acusaba a Julieta de ser la causa de todos los problemas entre ellos; para él, Julieta era una novia tóxica y codependiente porque pedía demasiado. Una tarde, Julieta tuvo un ataque de ansiedad y, en medio de este, Diego le pidió terminar la relación: “Me estás exigiendo mucho y no es mi responsabilidad, eres una codependiente” decía, mientras veía a Julieta deshacerse en llanto, sintiendo la punzada del abandono. Después de esto, Julieta cayó en depresión. Diego había bloqueado hasta sus llamadas telefónicas, así que ella no tuvo de otra que sumir sus días en la soledad de su habitación.
Una tarde, Julieta encontró publicaciones en Facebook sobre abuso y manipulación en el noviazgo; al leer algunas anécdotas similares a su situación, decidió dejar un comentario con su historia y, para su sorpresa, no solo recibió respuestas de aliento, sino que también conoció a Victoria.
A través de un mensaje de chat que decía: “Amiga, ¿te puedo enviar un mensaje?”, Victoria contactó a Julieta y se pusieron a conversar sobre sobre sus ex noviazgos; cada una contó como sucedió, como se sentían y ahí, a través de audios y mensajes de textos, ambas encontraron consuelo ante una situación que las hacía preguntarse: ¿de verdad, soy tan difícil de amar, soy tan exigente y soy tóxica?
Victoria confesó que sentía la necesidad de repasar una y otra vez sus recuerdos en busca de un por qué o una justificación a las acusaciones que recibió y al desamparo propio que sentía; de igual manera, Julieta declaró no entender cuándo se convirtió en la terrible persona como su exnovio la calificaba.
A través de contar sus historias, sin saberlo, ambas chicas iban soltando el peso que sus abusadores dejaron en ellas. Julieta aceptó que había sido víctima de abuso emocional, mientras que Victoria dio un paso en volver a creer en ella, en su inteligencia y en sus recuerdos.
¿Se imaginan el poder que tiene contar nuestras historias? Ellas no necesitaron un foro o ser grandes narradoras, solo encontrarse y escucharse. En cada palabra que utilizaron para narrar su historia, iba la carga de su experiencia: el mismo dolor, la misma táctica de manipulación, el mismo encanto vuelto pesadilla para mantenerte presa, pero en diferente cuerpo, en diferente tiempo; sin embargo, la fuerza que tiene narrar y escuchar, no solo formó un lazo de empatía entre dos mujeres que no se conocen en persona, sino que también resignificó su trauma: Julieta aceptó que necesitaba ayuda profesional para arreglar lo que otro había roto, mientras que Victoria, pudo repasar su historia una vez más, para soltar la culpa que no le pertenecía.
Por desgracia, la historia no termina ahí. En el caso de ambas chicas, sus exnovios las difamaban entre amigos y redes sociales llamándolas tóxicas, demandantes y hasta posesivas; a Julieta, incluso Diego la volvió a contactar pidiéndole volver porque según él, la amaba mucho; al principio no supo qué decirle, pero ante la indecisión, él propuso ser “amigos con derechos”, facilitando a Julieta la decisión de alejarse para siempre de Diego.
Por suerte, podemos encontrar ayuda psicológica y en el camino, hacer nuevas amigas, círculos seguros de mujeres donde la escucha y la empatía, son bálsamo para la estabilidad emocional que rompieron algunos. Julieta y Victoria no se conocen en persona, pero siempre pueden contactarse por un mensaje, de la misma forma que todas, podemos hacerlo para acompañar nuestros procesos de sanación y perdón
Con ternura, para ti.

Maria Daniela Ortiz Soriano. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.
«Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas.»
