De vivir en la cultura de la violación, los “buenos hombres” y Promissing Young Woman

Por Fernanda Loé

En la entrada pasada hablé sobre qué es la cultura de la violación, cómo es que está presente en nuestra vida diaria y por qué parece tan vigente como hace 20 años a pesar de todo lo que hemos avanzado en temas como consentimiento o acoso digital. En esta ocasión, quiero hablar sobre un ejemplo que puede parecernos más claro y cercano para entender las manifestaciones de la cultura de la violación en nuestra cotidianeidad. Ese ejemplo es la película Promissing Young Woman o Hermosa venganza en Latinoamérica.

Antes quiero advertir algunas cosas. La primera es que los párrafos que siguen van a estar llenos de spoilers así que sugiero que primero veas la película si no te gusta que te arruinen las sorpresas. Con esto viene la segunda advertencia, que a mi parecer es la más relevante. Esta película contiene muchos posibles detonadores porque toca temas como violación, abuso e incluso feminicidio. Por lo tanto, si te encuentras en una situación vulnerable en la que ver y hablar de estos temas te trae consecuencias negativas, tal vez este no sea el momento de acercarte a la película.

Como experiencia muy personal, la primera vez que vi la cinta tuve que pausarla muchas veces para llorar. Incluso cuando terminó, me quedé llorando un buen rato. Más que porque contenga escenas muy explícitas (que no es el caso), el contenido fue el que me entristecía y enojaba al punto de las lágrimas. Por eso quise hacer la advertencia anterior.

Comenzaré entonces diciendo que Promissing Young Woman es una película estadounidense estrenada en 2020 dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Carey Mulligan. En palabras generales, nos cuenta la historia de una chica llamada Cassie que al parecer tenía un futuro brillante en la escuela de medicina hasta que la abandonó por algo relacionado con su mejor amiga Nina. Ahora vive con sus padres y trabaja en una pequeña cafetería.

La cinta inicia cuando la protagonista está borrachísima, sin poder mantenerse recta, en el sillón de algún bar, mientras tres hombres hablan de lo fácil que sería llevársela a casa en ese estado. Uno de ellos, el más aparentemente decente, se acerca a ella y ofrece llevarla a su casa. En el trayecto, sabiendo que ella está casi inconsciente, le propone que mejor vayan a su departamento. Ahí empieza a desnudarla a pesar de la continua negativa verbal y física de la mujer. Cuando le quita la ropa interior y ya está encima de ella, Cassie deja de fingir que está borracha. La presa cambia de género.

Descubrimos entonces que la protagonista hace esto cada semana. Finge estar borracha para comprobar hasta dónde son capaces de llegar los caballeros al ver a una mujer borracha y vulnerable. Como nos dan a entender ciertas escenas, a manera de consecuencia, algunos sólo se llevan un susto o una advertencia, pero otros, incluyendo el de la escena inicial, que llegan hasta el deseo de violación, tienen un castigo distinto.

Desde el inicio nos damos cuenta de que Cassie tiene algún tipo de trauma, que se va revelando al mismo tiempo que su pasado. Actúa, en un principio, en contra del sistema en general, de los hombres, pero después encuentra un objetivo específico: el violador de su amiga Nina y los involucrados en el caso.

Todos y cada uno de los puntos que se plantean en la sociedad cuando ocurre una violación o cualquier tipo de abuso hacia una mujer, son tocados en la película. La cuestión de los hombres como protectores y aliados es la primera en salir a flote, cuando un chico le dice que no se maquille tanto, que es una lástima que el sistema masculino opresor haga creer a las mujeres que se tienen que maquillar para gustarle a los hombres.  Irónico y crudo, porque ese “buen hombre”, ese “caballero” que se ofreció para llevarla sana y salva a su casa, ese que critica al sistema masculino opresor, es el mismo que trata de abusar de ella después.

También la plática de “no todos los hombres” sale a flote. Justificaciones en las que los chicos a los que quieren abusar de ella señalan el contexto como culpable, la manera en la que se viste, su actitud, el alcohol e incluso las drogas. La realidad es que ninguno es capaz de pasar la prueba al no tratar de hacerle algo, desde besarla hasta tener sexo con ella.

Lo dice Cassie:

 “Tú sigues diciendo eso, pero no es tan raro como piensas. ¿Sabes cómo es que lo sé? Porque cada semana voy a una discoteca. Y cada semana actúo como si estuviera demasiado borracha para sostenerme. Y cada maldita semana, un chico bueno como tú se acerca a ver si estoy bien. “

Tampoco las mujeres se quedan fuera de estos planteamientos, ya que cuando la protagonista enfrenta a la directora que llevó la queja de violación de su amiga, ella además de que ni siquiera lo recuerda bien, alega que todos esos casos de abusos se convierten en una pelea de “ella dijo” contra “él dijo”. Por lo tanto, no es correcto arruinarles la vida a todos esos chicos que son acusados. Sumado a esto, comenta que las chicas se ponen en situaciones vulnerables por el alcohol, porque lo que no pueden esperar no tener consecuencias.

Cassie como respuesta plantea que entonces si todos esos chicos acusados de violación merecen el beneficio de la duda, la directora tiene la oportunidad de aplicar eso con su hija adolescente, que en ese instante supuestamente se encuentra en un cuarto con un grupo de chicos mayores, borrachos, a los que debería darles la oportunidad de “demostrar” que son buenos.

A varios niveles sucede lo mismo, desde la directora que toma la queja hasta el abogado que defiende al violador y que después confiesa que tuvo miles de esos casos en los que hombres jóvenes violaban mujeres y él lograba que salieran libres.

La comparación es clara: el violador pudo terminar la carrera, graduarse con honores y convertirse en un médico reconocido. Su amiga Nina, la víctima, dejó la carrera porque no pudo superar el abuso, lo que la llevó al suicidio. De paso, Cassie también se salió de la escuela para cuidarla y tampoco pudo terminar a pesar de que era la mejor de la clase.

Otra mujer que es cuestionada por la protagonista es una compañera de clase que se dedicó a difundir rumores acerca de Nina, en relación a que tomaba mucho y salía con muchos chicos. Y que, en el momento de la violación, no sólo no le creyó, sino que se dedicó a que nadie le creyera. Ella también recibe una lección de parte de Cassie.

El contexto familiar también juega un papel importante. En el caso de la protagonista, sus padres la ven como un fracaso puesto que no terminó la escuela y sigue viviendo con ellos. Notan que es infeliz en su trabajo, que no tiene amigos, tampoco pareja, que sale, pero que no lo hace para divertirse. Sin embargo, no saben cómo manejar la situación. Cuando desaparece, ellos son los primeros en decir que seguramente huyó porque no es una persona estable.

Por último, retomemos la idea del “chico bueno”, que es la que más claramente se desmiente a lo largo de la película. Cassie comienza a salir con un hombre el cuál de entrada parecería bueno. Un pediatra bromista, amable, de apariencia tierna e incluso un poco nerd. Es un ex compañero de la universidad que alega estar enamorado de ella desde esos años. No es el típico hombre guapo y atractivo, más bien del tipo encantador por torpe.

La primera pista de que los abusadores pueden venir en cualquier presentación es cuando caminando de regreso de la primera cita, Cassie va siguiendo el camino que él marca y “casualmente” terminan frente al departamento de él. Este es sólo el inicio. Aunque en un inicio ella nota ese comportamiento, termina por creer que es un buen chico y se hacen novios. Todo va excelente hasta que se entera de que él estuvo presente en la violación de Nina, la cual además fue grabada y distribuida entre ese grupo de amigos.

Comprendemos que la dinámica de “El club de Toby” involucra a su novio. Cuando ella lo confronta, él cambia por completo. De una actitud amable, pasa a la agresividad, de amarla, pasa a estar dispuesto a hacer lo que sea para no perder su reputación. Cassie quiere venganza y lo amenaza con publicar el video para que todos vean qué tipo de hombre es. Recordemos que él es pediatra y trata con niños todos los días.  

Queda aún más clara la desigualdad de la situación cuando Cassie desaparece y la policía va a interrogar a su novio. Al ver que es doctor, lo tratan como si fuera imposible que él haya hecho algo. Buscan a toda costa que la declaración refuerce la idea de que ella era una chica parrandera, inestable, rara, irresponsable. Una mujer que, con toda razón, desparecía de un día para otro, se metería en algún problema o simplemente no merece ser buscada. Al final, incluso le agradecen al principal sospechoso (el novio), su labor tan noble de curar niños.

Esta hermandad que los hombres tienen y que busca a toda costa defender, justificar y ocultar los errores de los otros, apoyarse a costa de arruinarle la vida a miles de víctimas, es la misma que demuestran en la película cuando Cassie aparece vestida de bailarina erótica en la despedida de soltero del violador de Nina.

A pesar de que ella se presenta y no menciona el sexo como parte de su trabajo (ya que va de incógnito), los amigos del futuro novio hacen comentarios como “más vale que se vaya de aquí gateando”. La ven como un objeto, a tal punto que una peluca y un disfraz sexy basta para que no recuerden que fue con ellos a la universidad ni noten que les puso droga en la bebida.  Y esta lealtad entre hombres, llega hasta las últimas consecuencias. El final lo dice todo, Cassie lo dice todo cuando menciona que, si la peor pesadilla de un hombre es que lo acusen de violación, imaginemos entonces la peor pesadilla de una mujer.

No sólo la trama habla, el soundrack es perfecto, la fotografía ni se diga y algo que especialmente me encantó, fue la relación del vestuario con lo que va ocurriendo en el film. Cuando Cassie sale a “cazar hombres”, así como tiene que cambiar su actitud y personalidad, cambia su forma de vestirse. En todas esas escenas está vestida con colores oscuros o neutros. Desde la primera escena del bar, donde lleva un conjunto de falda y saco negros, hasta cuando se presenta con la directora vestida también de manera formal en color negro.

Sin embargo, en las escenas donde parece que está feliz con su novio, cuando va a trabajar o platica con su jefa de la cafetería, se viste de colores pasteles, con ropa más casual e incluso con peinados un tanto infantiles. Siempre el contraste entre la personalidad que adopta para enfrentarse a la vida y la que adopta para confrontar a los hombres. Esa personalidad que desearía tener, de libertad, inocencia y ternura, ante lo que se ve “obligada” a ser, seductora, seria y lógica. Pero no se puede dar el lujo de aparecer ante los hombres como verdaderamente es.

Al final todo se combina, se pierde esa diferencia entre la Cassie “nocturna y vengativa” y la que trabaja en la cafetería y se viste de manera inocente. Al presentarse en la despedida de soltera, a pesar de que su maquillaje está cercano a lo que veíamos cuando salía de noche, su cabello es de su tono original mas todos los colores pasteles que suele llevar en el día. Es una pista de que de ahí en adelante, ya no se podrán separar los dos lados que hemos visto de ella, lo cual tendrá repercusiones en su destino.

Como conclusión, queda claro que la diferencia entre justicia y venganza se va diluyendo cada vez más en la mente de Cassie y que su sentido de moral tampoco nos lo presentan como el ideal, sin embargo, retrata de una manera cruda y sarcástica la realidad de vivir en la cultura de la violación. Los “buenos hombres” o “caballeros”, la revictimización, la familia como representación de la sociedad, los pactos entre hombres, las mujeres dentro de este sistema, las batallas que se convierten en “tu palabra contra la mía”, el sistema legal.

No se trata de cuestionarnos si la protagonista es una heroína, una vengadora o una maniática. Eso es lo que menos termina por importar. La película cumple el cometido de incomodar, seas hombre o mujer, desde la crítica, las bromas que duelen, y escenas que hemos vivido, ya sea como víctimas o victimarios. Apuesto que no hay manera de verla sin sentirse de una u otra manera, aludido. Y eso es justamente lo que necesitamos.

Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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