De vivir en la cultura de la violación, contratos sexuales y el sistema detrás de todo

Por Fernanda Loé

Vivimos en el mundo de la cultura de la violación. Es imposible no verla, escucharla, leerla. A pesar de los esfuerzos, atraviesa nuestras vidas porque es promovida por todos los medios posibles. Pero ¿qué es a ciencia cierta la cultura de la violación? A continuación, la definición de Raquel Miralles (2020):

Los años 70 sentaron las bases de lo que hoy conocemos como cultura de la violación: un sistema que tolera, acepta y reproduce la violencia sexista a través de narrativas que encontramos no sólo en la publicidad, el cine y la literatura, sino también en los aparatos del Estado, el sistema judicial, los medios de comunicación, la sanidad, la educación y, por supuesto, la familia, la pareja o las personas que conforman nuestro círculo más cercano. (p. 85 )

Es decir, todos los días, por todos lados, recibimos información que justifica la violación, señala a la víctima como culpable o trata de minimizar los actos violentos, lo que nos lleva a internalizarla a tal punto que la convertimos en parte de nuestra cultura. Por lo tanto, la replicamos en nuestro día a día, educamos desde ella, aprendemos a normalizarla.

Desde el aula, cuando en lugar de recibir educación sexual en un espacio seguro y sin juicios, donde se hable sobre consentimiento, nos ponen a ver una película como Perfume de violetas o A los trece, creyendo que, si no nos hablan sobre sexo, nunca vamos a descubrirlo. Y que conste que no tengo nada en contra de esas películas, pero debería ser un apoyo a lo que nos enseñen en la escuela, no suplir lo que deberíamos estar aprendiendo.

 En ese momento, en el que tenemos muchas dudas sobre nuestro cuerpo, lo que sentimos hacia otros o las relaciones que entablamos, es cuando la pornografía entra y nos muestra lo que se supone que es el sexo. Encuentros violentos, nada de charlas acerca de consentimiento, hombres que someten a las mujeres, relaciones con diferencia de edad enorme, insinuaciones que se consideran equivalentes a un sí.

Así, poco a poco construimos la idea de que el deseo sexual es el equivalente de la violencia sexual. Si tú te insinúas, inicias el coqueteo, abres la conversación sobre sexo, entonces has dejado asentado un enorme “sí” del que ya no se puede regresar. Has firmado un contrato sexual en el que ese “sí” inicial anula cualquier “no” que pueda surgir después. No pasan desapercibidas frases como “prendes el boiler y no te metes a bañar”, las cuales son populares dentro de nuestra cultura, y que llevan dentro ese sentido de que, si la mujer inicia algo, en el ámbito sexual, tiene que terminarlo. Están normalizadas.

La cultura de la violación es omnipresente. Está grabada en nuestra forma de pensar, de hablar y de movernos por el mundo. Y aunque los contextos pueden diferir, la cultura de la violación siempre está arraigada en un conjunto de creencias, poder y control patriarcales. (Barczyk, 2019)

Esto escala hasta el ámbito judicial. Las víctimas son revictimizadas en la corte, mientras que se repiten frases como “su forma de vestir era insinuante”, “estaba borracha”, “no supo cuidarse”, “no debía haber estado en la calle sola a esas horas de la noche” y miles más que justifican al agresor y hacen responsables a las víctimas de la violación ocurrida. Y eso en un caso de “éxito” en la que el agresor haya sido detenido, porque en la mayoría de las ocasiones, ni teniéndolo en frente, con prueba en mano, es llevado ante la justicia.

Por lo tanto, claramente esta situación va sembrando una sensación de miedo, impotencia y vergüenza que hace que cada vez menos mujeres quieran hablar sobre la violencia que sufren. Creamos los espacios perfectos para que la violación quede impune y luego nos quejamos de que las victimas hablan de lo que les sucedió, 5, 10, 15 años después o tal vez nunca. Las redes sociales nos dan el espacio para escribir comentarios como “¿ya para qué lo cuenta ahorita?, “es su culpa por no decirlo al momento”, “así ni quien le crea”. Los periódicos utilizan términos como encuentro sexual, coito o relaciones sexuales, en lugar de decir violación porque al parecer para ellos es lo mismo, son términos intercambiables. Así como coqueteo con acoso o piropos con agresión verbal.

Dice Emiliana Pariente (2020):

Una cultura –dentro de la cual se articulan una serie de comentarios, conductas, acciones y comportamientos cotidianos y aparentemente inocuos– que a la larga ha servido para reforzar un imaginario en el que la víctima es finalmente la culpable de haber sido agredida, acosada, violada o violentada. Una cultura que naturaliza, mediante distintas manifestaciones, la violencia sexual hacia las mujeres.

Y así, poco a poco, la cultura de la violación echa raíces tan profundas que se vuelve parte de nuestra identidad. Y digo identidad porque se ve reflejado en los chistes de los que nos reímos, la ropa que compramos, las películas que nos gustan, las canciones que cantamos, la gente a la que le damos follow, etc.

Estoy casi segura de que no hay persona que no haya visto una película o serie, escuchado una canción, leído alguna publicación en redes sociales e incluso encontrado alguna prenda de ropa que contenga frases alusivas a la violación desde una perspectiva de broma, o como algo que se retrata dentro de lo cotidiano, de lo normal. El siguiente es un fragmento de la canción Blurred lines de Robin Thicke que recibió la nominación a la Mejor Canción del Verano 2015 en los MTV Video Music Awards :

Sé que lo quieres,

sé que lo quieres,

sé que lo quieres,

pero eres una buena chica,

la forma en la que me agarras,

debes querer ponerte indecente

adelante, insinúate

La canción completa se dedica a hablar de este juego en el que se cree que cuando una mujer dice que no, en realidad está diciendo que sí.  Es entonces el objetivo del hombre, hacerle ver a la mujer lo que en realidad quiere y esto justifica ignorar su negativa verbal. Cuántas veces no hemos oído la justificación de que una violación no era violación porque se notaba que ella quería. Y al parecer eso puede parecer válido hasta delante de un juez. Así de profundo corre la cultura de la violación.

“Retiran de tiendas playeras que incitan a violar mujeres” es el título de una noticia publicada en 2018 en donde se señalaba a la tienda de ropa Cuidado con el perro por vender playeras con frases como «Hazla creer que está segura» o «Su cuerpo es tu territorio». Lo mismo pasó con Amazon cuando se denunció que estaban vendiendo playeras con frases como “Keep Calm and Rape On» (Mantén la calma y sigue violando).

En la película ¡Qué duro es el amor!, la protagonista, Natalie (Nina Dobrev) se rehúsa a cantar la canción Baby it’s cold outside porque a pesar de que es una reconocida canción navideña que todos piden que cante, habla de una violación, por lo que cambia la letra para que en lugar de que el diálogo sea el intento del hombre de hacer que la mujer no se vaya, le diga que no está cómodo con que ella esté en ese estado, así que mejor la lleva a su casa. ¿Eso pasaría en la vida real?

Este es un fragmento de la letra original:

I ought to say no, no, no, sir

Mind if I move in a bit closer?

At least I’m gonna say that I tried

What’s the sense of hurting my pride?

Debería decir que no, no, no, señor

¿Te importa si me acerco un poco más?

Al menos voy a decir que lo intenté

¿Cuál es el sentido de herir mi orgullo?

Otra cinta que no se queda atrás es Sixteen Candles, una de las películas adolescentes ochenteras más famosas. En una de las escenas la novia del protagonista, Jake, toma mucho en la fiesta en la que se encuentran, al punto de quedar inconsciente.  Él, que es el chico más popular, entabla una conversación con Ted, el chico nerd, en la que le dice que podría tener sexo con cualquier chica e incluso podría violar a Caroline (su novia) porque ni siquiera se daría cuenta. Y le atribuye la culpa de ponerse en esa situación señalándola como una chica fiestera a comparación de la protagonista que es inocente y virginal.

Remata dejando a su novia con Ted, en total estado de inconsciencia, dándole verbalmente permiso de hacerle lo que quiera con tal de poder irse a buscar a la nueva chica que le gusta. Y así hay miles de ejemplos más, algunos de los cuales hablaré en la próxima entrada de esta columna.

Es por eso que la primera estrategia que podemos usar en contra de la cultura de la violación es el cuestionarnos todo, desde los comentarios que recibimos hasta los que hacemos. La manera en la que hablamos sobre la sexualidad femenina, cómo construimos las relaciones que tenemos. Porque solamente así podemos poner un freno a las acciones, palabras, ideas, que perpetúan la cultura de la violación. Sin olvidar que es nuestro derecho exigir a los otros que respeten esto, desde nuestros amigos hasta las autoridades.

No lo hagamos parte de nuestra normalidad, no le demos like a los comentarios en redes sociales que se burlen del consentimiento, no regalemos nuestro tiempo a programas en los que se enaltezca a la “chica buena” sobre la “chica indecente”, no permitamos que nuestros amigos hagan comentarios como “voy a esperar a que esté más tomada para ir a hablarle” o “dice que no quiere, pero ve cómo me mira”. Si nos cuestionamos, podemos poner un alto por lo menos en nuestro círculo de amigos, familia, colegas. Y aunque parezca poco en un inicio, puede marcar la diferencia a largo plazo. Creemos espacios con cero tolerancia ante la cultura de la violación.

Fuentes consultadas:

Hernández Briceño, S. (2020). Cultura de la violación, un análisis del continuo en la violencia sexual que viven las mujeres. Pacha. Revista De Estudios Contemporáneos Del Sur Global, 1(3), 89–103. https://revistapacha.religacion.com/index.php/about/article/view/44

Miralles, R. (2020). Cultura de la violación: una cuestión política. Libre pensamiento, 102, 83–88. https://librepensamiento.org/wp-content/uploads/2020/05/LP-N%C2%BA-102.pdf#new_tab

Burgos, A. (2017, 6 marzo). La cultura de la violación. Drogas & género. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.drogasgenero.info/la-cultura-la-violacion/

Bautista, F. (2021, 16 abril). «Sixteen Candles», o cómo el cine reproduce la cultura de la violación | Meditación en el umbral #14. Tríada Primate. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://triadaprimate.org/sixteen-candles-o-como-el-cine-reproduce-la-cultura-de-la-violacion-meditacion-en-el-umbral-14/

López, A. (2019, 23 junio). Cómo contribuyes a la cultura de la violación sin darte cuenta. elconfidencial.com. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2019-06-23/cortometraje-mar-y-maria-cultura-violacion-maltrato-mujer_2080858/

Pariente, E. (2020, 4 agosto). «Estaba curada»: Guí­a para desnormalizar la cultura de la violación. La Tercera. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.latercera.com/paula/estaba-curada-guia-para-desnormalizar-la-cultura-de-la-violacion/

Barczyk, H. (2019, 18 noviembre). Dieciséis maneras de enfrentarte a la cultura de la violación. ONU Mujeres. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.unwomen.org/es/news/stories/2019/11/compilation-ways-you-can-stand-against-rape-culture#:%7E:text=Por%20ejemplo%2C%20la%20cultura%20de,y%20la%20mutilaci%C3%B3n%20genital%20femenina.

Tardón Recio, B. (2016, 26 noviembre). Cultura de la violación: complicidad y silencio en torno a la violencia sexual. lamarea.com. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.lamarea.com/2016/11/24/cultura-la-violacion-complicidad-silencio-torno-la-violencia-sexual/

unotv.com. (2018, 7 diciembre). Retiran de tiendas playeras que incitan a violar mujeres. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.unotv.com/noticias/portal/nacional/detalle/retiran-de-tiendas-playeras-que-incitan-a-violar-a-mujeres-383642/

Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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