Por Carla Agüero.
Piñén es un libro de cuentos de la escritora mapuche, Daniela Catrileo, publicado en el año 2019 por la editorial Pez Espiral. Esta obra, dedicada a la mapuchada, se compone de tres historias: 1) “¿Han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?”, 2) “Pornomiseria” y 3) “Warriache”. En cada uno de estos cuentos, Catrileo invita a explorar una cara no siempre visible en la literatura: la marginalidad social a la que son sometidas las comunidades mapuches en una de las grandes urbes latinoamericanas, Santiago de Chile. La autora logra representar en su narrativa la pobreza, la desigualdad, la violencia de género y el racismo que padece este sector social, pero también rescata su espíritu comunitario, su identidad cultural diversa y el compromiso con la lucha política por sus derechos.
La palabra piñén que titula este libro proviene del mapudungun o lengua mapuche y refiere al polvo o la mugre aferrada al cuerpo. Las comunidades indígenas de la periferia santiaguina son tratadas así, como piñén adherido a la capital al que se prefiere ocultar aislándolo en sus orillas. Este libro desde su título se escribe con una lengua mixturada que hace uso del español chileno y del mapudungun en un registro coloquial acercando al lector a la comunicación oral de estas poblaciones. De esta manera, la lengua se transforma en un puente que une perspectivas culturales y permite pensarse y pensar a otros. En este caso, reluce el lenguaje como una herramienta para cimentar una identidad que se constituye de lo múltiple, de lo diverso, de la champurria.
En cuanto a los cuentos del libro, los tres se desarrollan en el mismo espacio: las poblaciones de la periferia de la capital chilena. Las comunidades establecidas allí se componen de un gran número de personas de origen mapuche que migraron desde los territorios del sur de Chile hacia la gran ciudad en busca de una mejor calidad de vida. Inicialmente, estos grupos migrantes vivían en casas precarias de nylon y cartón que en Chile son conocidas como callampas. El gobierno chileno erradicó estos asentamientos con un programa de viviendas sociales y las familias fueron trasladadas a edificios o blocks. Allí, las problemáticas a las que se deben enfrentar estas comunidades son otras, por un lado, al hacinamiento, ya que los departamentos son muy pequeños y por otro, a un limitado acceso a los servicios básicos al estar lejos del centro, lo que hace que estas poblaciones estén marginadas y sean inseguras. Catrileo logra retratar en su libro todas estas características de las viviendas sociales a las que denomina “nidos de espanto” (Catrileo: 2019, p. 14) donde, desde pequeños se crece rehuyendo de la muerte y la violencia.
La presencia de la voz femenina narrando cada cuento es un elemento importante a señalar. La lectura del libro hace especular que se trata de una misma narradora para los tres relatos aunque esta hipótesis tambalea por momentos, ya que si bien presentan coincidencias entre sí por pertenecer al mismo lugar, cada una manifiesta una mirada particular y una historia diferente. Son narradoras jóvenes entrando a la adultez y se retrotraen a su pasado para comprender desde sus infancias y adolescencias lo que sucede en su presente.
En el primer cuento, “¿Han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?”, una narradora de la que se desconoce el nombre, reflexiona sobre la muerte de un ex compañero del colegio, Jesús, quien fue asesinado por estar involucrado en la venta de drogas. El escenario del asesinato es el block en el que la narradora vive, quien desde su ventana observa toda la situación y el comportamiento de sus vecinos, ocultándose igual que ella, para evitar que una bala perdida los mate. Este escenario violento lleva a la narradora a reflexionar sobre su infancia y la del joven asesinado cuando cursaban sus estudios primarios en una escuela pública dirigida por monjas. Allí pasaban casi todo el día porque sus padres no podían ocuparse de ellos. Además, en ese lugar los alimentaban y eso era un factor determinante para aceptar quedarse aunque no quisieran y adoptar las creencias religiosas que les infundían dejando de lado las mapuches. Este contacto con el cristianismo hace que la narradora establezca una relación entre el Jesús de la Biblia, bueno y noble, con su compañero, problemático y desafiante. Recuerda además a otro Jesús, un vecino adolescente que decidió suicidarse, hecho que la perturbó cuando era niña. Un lazo une a estos personajes que portan el mismo nombre, la muerte, y lo que los distingue es que sólo uno de ellos puede resucitar, los dos restantes deben resignarse a desaparecer.
En el segundo cuento, “Pornomiseria”, la narradora comienza describiendo un video pornográfico en el que penetran a una mujer que se resiste a mantener relaciones, pero de igual forma un grupo de hombres la somete. El placer sexual es un tema que genera controversias en este tipo de producciones por estar vedado para las mujeres y, al mismo tiempo, asociado con un acto de poder sobre el cuerpo femenino al que los hombres pueden violentar sexualmente. La narradora analiza lo que significa ser mujer en un contexto periférico donde este tipo de videos circulan y se asumen como verdad. La amenaza sobre los cuerpos femeninos ya sean de niñas, adolescentes o adultas es constante. Tanto el espacio público como el privado pueden prestarse para perpetuar abusos y violaciones de menores de edad y de mujeres. En este relato sobresale la historia de una vecina de la narradora, una niña violada y embarazada por su padre, este último decide suicidarse para evitar el escarnio social. El reencuentro entre la narradora y aquella vecina después de años de lo sucedido, le permite entender a la primera que cualquier niña de su barrio, e incluso ella, pudo ser víctima de una situación similar y que, en realidad, sólo tuvo suerte.
En el tercer cuento, “Warriache”, quien narra la historia es una de las protagonistas, Carolina Calfuqueo. Ella se encuentra visitando a Yajaira, una amiga de la infancia quien cumple años. El lugar en el que ahora vive Yajaira no se parece en nada al espacio en el que compartieron su niñez. Durante su paso por la escuela se dieron cuenta de su origen mapuche gracias a una docente que reparó en sus apellidos. Con esa anagnórisis que las hace pensarse dentro de una cultura diferente a la de una niña capitalina, comienzan a forjar su identidad, retomando las luchas de sus antepasados y enfrentándose a una sociedad racista que las segrega. Así, viven una adolescencia compleja que las lleva a rebelarse contra todo y también a darse cuenta de la importancia que tiene ser parte de una comunidad indígena.
Para finalizar, sólo resta decir que esta propuesta narrativa presenta una estética diferente que nace de los márgenes literarios y que expone una mixtura a nivel lingüístico y cultural, representado la realidad de las comunidades indígenas mapuches desde una mirada que emerge de las mismas. Catrileo presenta una poética de la diáspora mapuche que entrelaza la tradición cultural de los pueblos indígenas del sur con los nuevos imaginarios propuestos por quienes habitan el resto de las regiones chilenas, entre ellas, la periferia de la capital del país. Su prosa clara expone con crudeza problemáticas sociales silenciadas, dando la posibilidad de reflexionar de manera comunitaria sobre estos temas que aquejan a todos sin distinción alguna.
Bibliografía:
Catrileo, D. (2019) Piñén. Editorial Pez Espiral, Chile.
Carla Gabriela Agüero Vedia, escritora.
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