Por Arizbell Morel Díaz.
Para el equipo de Coordinación UNAM-PERAJ DGOAE 2021-2022

Las noches más estrelladas se viven en compañía.
Las constelaciones son las primeras en reconocerlo.
Distantes pero juntas en el agujero del cielo forman mil historias por contar para quien las sabe observar…
Ésta es la historia de una de esas constelaciones, de una galaxia en miniatura que estaba por nacer.
Una mañana casi helada Paty salía de casa con un suéter de lana abultado, tan abultado que las estrellas tejidas parecían planetas.
Pero eso a Paty no le importaba, porque ella conocía otras galaxias.
Ella era la típica chica aficionada a las Gilmore Girls, feliz de que el clima fuera gélido y los árboles se desnudaran para dar inicio a un nuevo ciclo.
Al cerrar su ventana observó las luces de Navidad. Son como estrellitas…pensó…juntas brillan sin parar…
Cerró su puerta con fuerza y recordó cómo andar…
Paty se dirigía hacia un camino poco empedrado, al umbral del transporte público que le recordaba que en algún lugar era verano.
Entró y su travesía comenzó…
Dos o tres estaciones más tarde se encontraba en su destino: el hogar que solo puede brindar un festejo y la esperanza de comenzar un nuevo año en medio de las noches más largas.
Para Paty estar ahí era ser una luz de bengala, encendida gracias al calor humano.
Si las esferas del árbol se hubieran podido expresar, contarían la fiesta de esta manera:
Es la víspera de la víspera de Navidad.
Cada estrella con su color, cada astro con su luz pero juntos brillaban…
Sin embargo, las estrellas no suelen hablar con los humanos, al menos no directamente….
Volvamos a las estrellas por nacer en Navidad…
Paty y sus amigos festejaban en casa de Lucero, felices de poder estar cerca en un nuevo año.
Esa noche olía a ponche y todos y todas estaban alrededor del parque como si se tratara de una fogata.
Las luces de Navidad que no podían faltar centelleaban desde sus rincones, saludando a los amigos y las amigas que bebían de pequeños jarros de barro con cañas y tejocote.
Era la velada perfecta para decir: Las historias que no tienen final y las personas que debían estar….
El tiempo siguió su curso, el ponche se acabó y las ideas surgieron. Lucero les propuso un reto: ¿Por qué no dar una caminata para celebrar y observar las luces en las casas?
Más tardó en decirlo que nuestra galaxia andante en salir. Afuera el frío los cobijaba, cómplice de sus aventuras por venir.
Caminando por la noche se encontraban y la Ciudad se llenó de nuevos recuerdos como si se trataran de mariposas que emigran en invierno.
Ellos eran así, una constelación, solo había que saber mirar los secretos que esconden los astros.
Se detuvieron ante un parque, quisieron caminar por entre las flores marchitas.
Un zapato, dos y tres…
Los pies descalzos sobre el pasto, todos juntos, pie a pie como si estuvieran sobre la arena.
Ya tendrían tiempo de visitar el mar…
En otra ocasión…
Fue en medio de esta caminata que decidieron convertirse en estrellas.
Para hacerlo, necesitaban más ponche y un encantamiento que ellas habían ideado. Todos y todas juntas cantaron:
Estrellas de invierno, estrellas de otoño y estrellas de verano.
Solo la primavera no tiene estrellas.
Pero las personas no son estrellas.
A menos que decidan convertirse en unas…
Tomados de la mano, emprendieron vuelo hacia el cielo.
Una constelación centelleante.
Al mirarla las personas podían escuchar carcajadas.
Las risas compartidas de un grupo de amigos lunar.
Solo Paty olvidó cantar, ya que se encontraba observando los astros y la luna pasar…
Cuando vio a sus amigos y amigas elevarse al cielo quería llorar.
Pero logró recordar el hechizo y comenzó a cantar…
¡Sería la primera estrella con un suéter de Navidad!
Comenzó a volar…
Así, Paty siguió la estela de polvo lunar que dejaron sus aventuras para caminar.
Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021).
Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart, Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla con la compañía La Crisálida así como el proyecto “Dame un tenor” de Ken Ludwig seleccionado en el programa “Incubadoras de Grupos Teatrales UNAM 2020-2021” de cual también es co-traductora.
También se desempeña como asistente de dirección y elenco de “Die Dreigroschenoper” de la Facultad de Música de la UNAM, dirección de Diana Viguri y adaptación de Horacio Almada Andersen.
Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera” (2021) y “Barista” (2021).
