Por Elizabeth Vázquez Pérez
«24 octubre de 1994: Mi tía tocaba el timbre para invitarnos a observar desde su automóvil el despertar del volcán Popocatépetl que yacía entre ceniza y adrenalina mas no se pudo notar nada, solo una brasa a lo lejos nos amenazaba para poder ir regresando a casa. Fue donde tuve una sensación de temor por morir que me invadió más que la curiosidad a la que no alimenté. Mejor guarde debajo de mi cama en una maleta aditamentos y cosas importantes hasta quedar dormida. Esa era mi otra yo guardando el miedo por sentir quizá mi fin aunque la verdad no sería de esta manera, supuse…»
Puede sonar muy trillado el tema del fin del mundo y sin duda existen muchos mitos que a lo largo de la historia se han divulgado sin embargo para mí significa el culmine de la vida, la muerte.
La muerte es un sentir que vive pausado en el ser humano puesto que sabemos que algún día llegara más no sabemos cuando suprimiendo la idea en el vivir quizá hasta cuando se sea un anciano y esperar a ver que pasa aunque en realidad no se sabe puesto que es un momento y no existe persona alguna que haya regresado para contarlo.
La visualización de la muerte cambia en cada persona dependiendo el contexto, tradiciones costumbres y cultura en la que se desarrolle. Como por ejemplo la tradición en México de los fieles difuntos y de todos los santos festejado el 1 y 2 de noviembre de cada año dónde se hacen diversos altares a los difuntos o muertos que conforman un ritual para regresar al mundo a degustar , las acostumbradas calaveras literarias qué en sus versos reflejan una forma burlesca a la muerte, la ironía del temor.
Por estas razones creo que la sociedad mexicana se fortalece transformando esta sensación como parte de la tanatología haciéndolo increíblemente consciente y venerado.
Pienso que la muerte es como la vértebra del sentir mexicano porque se fusiona la creencia con la incredulidad, la fe con la expectativa y la esperanza con la agonía en el último suspiro de vida.
En mi experiencia he retado en diversas ocasiones a sentirla de cerca como la citada anteriormente donde el temor formó parte de mí hasta después de analizarlo bien, donde el contexto era una erupción volcánica . También he visto mi vida en un segundo tras no poder subir a superficie en una piscina que fue lo más cerca de ella que estuve a los quince años.

Conforme pasan los años el temor por el final de la vida lo tratamos de alejar como en el juego de la cuerda donde hay veces que se gana tiempo luchando con toda fuerza mientras que en el lado contrario el hilo de la vida corta con precisión y nos conduce al fin allegado.
Sucede que a veces nos concentramos en el «después de» como los que se mencionan en diversos libros de biografías históricas donde los personajes planean su funeral sin embargo aunque se deje estipulado su voluntad no siempre se cumple del todo y eso hasta nuestros días sigue sucediendo.
Mientras llega mi momento sólo diré que el fin del mundo aunque se anuncie próximo de manera global no sabremos que pasará al igual que el nuestro y la manera de visualizar será distinta en cada ser humano por lo que no debe ser motivo de preocupación, no más que sobrevivir.
Yo solo quiero que se me recuerde en el cempasúchil cuando el fin del mundo pase a ser la vértebra de mi sentir, sentir mexicano.

Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.
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