Noches de agosto…
Miserable como quien llora lo que nunca tuvo
Arrastraba mis piernas entre el llanto del mar
Esperando que la marea subiera
Para, envuelta en sus sales, encontrar mi final.
Yo que juraba que nunca en la vida
Conocería a quien me amara
Tropecé un día con el espejo empañado:
Había un ser que me miraba,
Respirando a la par mía
Con sus ojos cafés apagados
Con su piel marcada por el peso de una existencia comprometida.
Le invité un café y me conocí:
Desnuda, vestida, sonriente y triste;
Era la luna en todas sus fases,
Sin disfraces ni mascaras.
Mis selvas, mis desiertos, las grietas que habitan la piel que muestro
No hay rincón de mi cuerpa que no haya sanado el tacto de mis dedos
Que en las noches de insomnio me brindan consuelo.
Soy la piel que habito con fuerza
Soy fuego, luces, sombras y chispas
Soy esta tristeza que me acompaña
Soy la alegría que no permanece pero es bienvenida
Soy aquello que buscaba con desespero:
Un ser que se ama con cada latido de su pecho.
Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 21 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.
