Pensamientos en prosa: De mí

por Mireya Sáenz Muñoz

Hablar de mí da tedio. Me aburre la cotidianidad, lo habitual me causa repugnancia. Cómo hablar de mí sin sentir esta triste melancolía, esta amarga melancolía. Mi boca no pronuncia mi nombre, mis dedos no pueden escribirlo, mis pasos ya  no me siguen. Todo mi ser busca anularme. He comprimido el aliento en el vestigio de mis palabras, he resarcido  la historia en el linaje de mis poemas, buscando ser yo; no la chica de labios fúnebres con sonrisas de araña, ni la elegida del paraíso con trajes invisibles, sino la nómada que instale su patria en las alas de un poema vagabundo; porque cada noche quiero comerme al mundo en un libro, en un poema, en un verso y de qué me sirve cuando sé que al siguiente día no recordaré nada; mi memoria se burla de mí.

Heredé de mis antepasados alguna inercia mental que me fragmenta lúcida, lunática, sensata, alienada, cuerda, compulsiva, neurótica y serena; pasiones y emociones que me asaltan a medianoche, al amanecer, en el imprevisto de cualquier instante rutinario; me envenenan lo sé, me enferman reduciéndome a escombros que saltan en sus cenizas, y entonces, busco afanosamente rehabilitarme o anestesiarme, medicándome al azar con dos pastillas de trivialidad, cinco centímetros inyectados de “lo importante es que estas viva” y una buena dosis de alcohol para aliviar el escozor de las mentiras que me digo.

Obedezco a mi vista a mi impulso intuitivo de supervivencia, pero tengo prisa de urgencia y acabo llegando a ninguna parte; mi desesperación se ancla a un soñado milagro inexistente que acaba naufragando cada medianoche, cada amanecer, cada instante rutinario. ¿Cómo apropiarme de mí y pertenecerme como lo que soy cuando toda la vida solo aprendí a huir, a esconderme, a ser mi propio juez y el verdugo que mutilaba mi verdadero yo? Quizá  sea tarde para levantar los ojos y colonizar al sol, pero he abierto las puertas para que sus rayos iluminen o calcineren lo que por años le perteneció a la noche; sin embargo, debo decir, que el proceso de mi sepultura cada mañana no advierte al entusiasmo de quienes me rodean, pero sí da paso a las elegías que el pensamiento recita frente a un cuerpo agotado sin ganas de continuar y a unas ilusiones invadidas por el moho. 

Para quienes el  optimismo es solo una esperanza malgastada, nos hace falta valor para abrir los ojos y sacar un pie fuera de la cama ¿Valor? ¿¡Dije valor!? No es valor lo que me lleva a cometer este acto insulso y rutinario, tan solo me dejo arrastrar por el instinto de sobrevivir, por el deber que llevo a cuestas; me obligo a cumplir con el rol que me tocó interpretar en esta obra de teatro; quizá por eso prefiero las noches, porque allí encuentro un poco de silencio y soledad, de descanso y letargo, de trincheras adornadas a mi gusto, pequeñas simulaciones exequiales que me hacen sentir en el lugar adecuado; también porque existen noches de euforia y olvido del tiempo cargadas de éxtasis, música y licor, pero las mañanas todas son iguales. No quiero levantarme, no quiero mirar al sol ni enfrentar la vida, no quiero gesticular una palabra ni dar un paso fuera de mí. 

No me levanto cada mañana resucitada para apreciar el esplendor de un nuevo día, me levanto para limpiar un poco  mis cenizas y hacerlas presentables ante este prometedor  falso espejismo, entonces no es valor lo que me mueve, es resignación y cobardía, es mansedumbre y miedo; por eso marcho con pasos anclados que renuncian y arrastran la misma cadena, deseando romper los vendajes que un día curaron y ahora  son armas, abandonando los afanes para quitarle al día un poco más de lo que él me roba a mí.



Mireya Sáenz Muñoz

Mireya Sáenz Muñoz nació en Villavicencio Meta, Colombia.
Autodidacta en el mundo literario. Asidua lectora y escritora de poesía
y pequeños relatos. Ha participado en concursos de revistas literarias
en diferentes países, en donde ha sido publicado su trabajo; también
hace parte de antologías como Hoja en blanco relatos de este mundo
y de otros y Cuarto para Medianoche de Argentina. Ganadora del
concurso de relato erótico del grupo Lectores y editorial Harmonía.
Facebook: Mireya Sáenz

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

Un comentario en “Pensamientos en prosa: De mí

  1. Mireya, tu texto trae una carga emocional muy fuerte. A mí me resonó mucho esta frase: «¿Cómo apropiarme de mí y pertenecerme como lo que soy cuando toda la vida solo aprendí a huir, a esconderme, a ser mi propio juez y el verdugo que mutilaba mi verdadero yo?» Puedo identificarme con la idea de ser tu propio juez, el más duro incluso. Tu prosa inevitablemente lo envuelve a uno en las emociones que describes, aunque no lleguemos a imaginarnos la intensidad con la que las siente el autor realmente. Te mando un abrazo cálido.

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