—Padre nuestro que estás en los cielos —clama un hombre después de haber violado a su sobrina la noche anterior—. Su mente retorcida le hace creer que con orar será perdonado por sus pecados, que Dios sabe que el Diablo lo poseyó anoche y la otra y otra noche, que él no es el malo, es una fuerza superior que lo está controlando, él es sólo un siervo del señor inocente e incapaz de tal atrocidad. —Santificado sea tu nombre. La ve a lo lejos, a su víctima y a la madre de la niña que le pide a algunos presentes que oren por su hija, ha actuado muy rara últimamente. Un par de hombres se acercan a poner sus manos sobre la cabeza de la niña, ella se incomoda, llora y patalea. Al percatarse, se acerca el pastor (otro violador) y la toma de las piernas. —Satanás la está poseyendo —afirma—. El tío, se burla en su mente, pero se angustia al darse cuenta del monstruo que es y se talla las manos en el regazo intentando secarse el sudor de las palmas, saca un pañuelo y se lo pasa por la frente, de pronto recuerda que es el mismo pañuelo que usa para callar a su víctima; se le cae y ya no lo recoge. —Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad… —ora con rapidez, quiere irse de ahí pronto—. La niña grita: —¡No quiero! —mientras entierra sus uñas en la cara de su madre—. La sostienen fuertemente y al empezar el exorcismo algunos hombres y mujeres se lanzan hacia atrás y caen, otros se desmayan. —Niña pecaminosa —se atreve a decir el hombre que golpeará a su esposa llegando a casa—. El tío, monstruo, sigue orando en su mente. —Pe-perdona nuestras ofensas, así como también perdonamos a los que nos ofenden —tartamudea—. —¡El tío me hace cosas! —grita de pronto la niña—. Ya no soporta callarlo más. Todos se quedan en silencio, sólo se escucha a la niña privada en llanto. La madre, furiosa camina hasta su hermano apretando los puños, lo va a matar, pero él rápidamente y a punto de vomitar, con la voz temblorosa dice que no, que no, que no. Entonces, sorprendentemente la cara de ella cambia de facciones a unos de alivio y todo está bien, es sólo el Diablo haciendo maldades otra vez, es otra niña que no sabe lo que dice, por eso la abuela se acerca y le pega en la boca, por mentirosa. El tío es un hombre de Dios y por dentro, todos los hombres presentes y pecadores se repiten lo mismo en sus mentes: somos hombres de Dios.
Karina Hinojosa
(Veracruz, México, 1998) Ecofeminista; antiespecista; amante de la literatura, poesía e historia; escribe para las mujeres y todo lo que tenga que ver con ellas y las flores le apasiona.
