El milagro de Eréndira

por Dora Gema Castillo

Monólogo en un acto

Erendira sola en su habitación, lleva un vistoso vestido amarillo, luz cenital. 

ERENDIRA. Cuando la gente se enferma, no sabes que se enferma hasta que la ves, o hasta que la dejas de ver… Había una figurita de un niño en mi cuarto, de los que hacen milagros. Tenía un foquito en las manos y una canasta con frutas. Como me daba miedo la oscuridad, mi mamá lo dejaba encendido toda la noche. Yo le hablaba, quería un milagro.  Le hablaba todas las noches, a veces ya ni le pedía nada, solo le reclamaba. A lo mejor lo hice enojar.

Decían que le hacía preguntas muy raras ¿Cuál es el último número? Mi abuelita decía que eran infinitos pero yo no le creía, porque nada era infinito ¿Y si dios creó al mundo, quién lo creó a él? Es que todo tiene un principio. Entre más lo pensaba más me asustaba. Cuando eres niña nadie te da respuestas y nadie cree que lo que preguntas es importante ¿No es importante saber por qué creer en los números o en dios?

No me gustaba ir a la escuela “Es que es muy callada, es que no habla, como que es medio rara” ¡No era rara! Pero si me sentía rara… “Cuéntanos algo, di algo” ¿Cómo qué? “No sé”. “Habías de ser como tu hermana, voy a creer que ni eso puedas hacer bien ¡Habla niña por Dios!” A lo mejor no era que me preguntaran por qué no hablas, sino por qué te da miedo hablar. Nadie me explicó por qué la gente se enoja contigo, o se burla de ti, por qué es cruel sin razón, por qué es tan mala cuando no les haces nada. 

Mis ideas crecieron nada más en mi cabeza. A veces ya solo me las decía a mí porque nada ni nadie me contestaba. En la madrugada me salía de la cama, me sentaba en la escalera de la sala y me ponía a llorar. Al principio fuerte pero cuando veía que nadie venía lo hacía bajito. Un día ya no aguanté verme en el espejo y empecé a taparlos con toallas que me robaba del cuarto de mi mamá. No quería que nadie me viera, ni en la casa, ni en la escuela, ni en la calle, ni nada.

Nunca me explicaron que cuando lloras mucho mucho, los ojos pesan y ya solo quieres quedarte dormida hasta que se te olvide, y que a veces eso significa ya no querer despertar.


Dora Gema Serrano Castillo, 25 años. Originaria de la ciudad de Puebla, México. Es Licenciada en Filosofía por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), sus líneas de investigación corresponden a filosofía política, arte y feminismo. Desde hace seis años se ha formado y desempeñado en el quehacer teatral como actriz, docente e investigadora. Recientemente fue aceptada para continuar con sus estudios en la Maestría en Estética y Arte de la BUAP.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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