El arte de vivir sobreviviendo

por Karla Castillo

Duele.
No sé cuando comenzó pero siempre ha sido así, a veces como un eco resonando constantemente, un sonido familiar que soy capaz de ignorar hasta cierto punto, después de todo, ¿qué tanto puedes ignorar algo sabiendo que sigue ahí?, en un rincón, esperando el momento para atacar. Otras presente, incesante, se levanta grande y poderoso reduciéndome, cambiamos de lugar, soy eco no presencia. Duele, existir me duele.

A veces, cuando el dolor es tan intenso dejamos de sentirlo, nos entumece. Dolía tanto que eventualmente dejo de doler. No, nunca dejo de doler, simplemente deje de sentir.
Entumida, helada, petrificada, todas mejores opciones. 

No le temo al dolor, es familiar y constante, una presencia a la que me acostumbre, no le temo pero al mismo tiempo prefiero mantenerlo alejado, no funciono con la mente empañada, los ojos ardientes y la garganta cerrada. Así que existo, existo porque vivir es doloroso. 

Existo porque vivir se trata de sentir, emocionarse, llorar, sonreír, enojarse, gritar y maldecir la tierra y el cielo, vivir se trata de colores y yo existo en grises, tonos y volúmenes estáticos, estables y constantes que me mantienen cuerda. ¿Es difícil? Claro que lo es. Trata de mantener una liga estirada por demasiado tiempo y eventualmente se romperá. Ahora, ¿qué pasa cuando la liga se rompe? El elástico nos golpea repentinamente, una ráfaga dolorosa. 

Y es así como el círculo vicioso comienza de nuevo, siento, el dolor me invade, y con su llegada aparecen los lobos que atormentan mi mente y se dan un festín con mi alma dejando piezas roídas que debo conectar nuevamente, tratar de encajarlas y hacerme funcionar. A veces logro hacerlo, suficientes piezas para construir una máscara sonriente, sin embargo, cuando soy incapaz de hacerlo termino perdida en un camino sin rumbo, planes o provisiones. Me pierdo cuando se supone que lo único que tengo que hacer es poner un pie frente al otro, los caminos rectos parecen no tener final, no existe una meta, solo un punto de partida. Me pierdo en el dolor, en las voces que no se detienen, en los aullidos de los lobos, en un camino pavimentado con las piezas desgarradas de mi ser. 

Los días en los que estoy perdida siento que no puedo caminar, mis zapatos se bañan en sangre, si me atrevo a dar un paso los lobos muerden mis tobillos, estoy perdida y nadie puede encontrarme, estoy perdida, dispersa, entumida, quisiera estar dormida, ayuda, necesito ayuda, no puedo pedirla, estoy sola, no me dejen sola, sola en mi cabeza, en el vacío resonante, en la cacofonía de m ser, no quiero, no quiero.

Pero puedo y lo hago. 

Lo hago porque incluso sino estoy viviendo, al menos tengo que sobrevivir. Mi madre no crio a una desertora, y si la vida es un campo de batalla voy a seguir de pie hasta el último maldito momento, hasta que los lobos finalmente devoren mi corazón. Tengo que hacerlo, sobrevivir cuando estoy cansada de la vida misma, de la gente, de respirar, de ver como el mundo avanza y va a seguir avanzando sin mí, siempre sin mí, tengo que hacerlo incluso cuando no quiero, incluso cuando mi existencia parece no pertenecerme. ¿Realmente soy dueña de mi cuerpo, de mis expectativas o sueños cuando las opiniones de otros cambian mi perspectiva sobre mi misma? No lo sé, no estoy segura de muchas cosas, estoy mas vacía que llena, pero si sé algo. 

El arte de sobrevivir viviendo es exactamente eso, sobrevivir y resistir.
Levantarse cada día con los lobos al acecho, con dolor en el pecho y esperanza de que algún día seremos lo suficientemente fuertes como para vencerlos, para dejar de estar entumidos, paralizados o en constante dolor, sobrevivir hasta que podemos sentir todos los colores, sobrevivir, resistir y luchar porque el suicidio nunca ha sido una opción. 

Sobrevivir porque quiero hacerlo, quiero estar, lograr algo. Quizá la vida es una lucha constante contra nosotros mismos, quizá yo soy el lobo, quizá necesito pelear conmigo misma antes de pelear con el mundo, quizá tengo que pelear con mis sueños antes de hacerlo con mis pesadillas, el arte es complejo y subjetivo, quizá sobrevivir es otra forma de vivir, y para averiguarlo tengo que seguir aquí, nadando en un mar de dolor cuando nadie me enseño a nadar, tengo que aprender a nadar y dejar de flotar.




Karla Castillo Sánchez

«Soy estudiante de séptimo semestre de Literatura Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY. Para mi escribir es pensar, algo que hago porque lo necesito,
me interesan las historias con personajes cuestionables y mundos complicados, disfruto
hablar de literatura y dar talleres a niños. He sido publicada dos veces en la revista Letrina del colectivo Letrantes, con los cuentos
Sólo uno más y No… Sí, igualmente he impartido los talleres Cuéntame el libro. El libro
salvaje de Juan Villoro: Resumen didáctico y ¿Qué es un monstruo? Redefiniendo a los
personajes literarios
.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

Un comentario en “El arte de vivir sobreviviendo

Replica a HUGOLINA G. FINCK Y PASTRANA Cancelar la respuesta