Por Isabel Galván
Soy mujer tras el ventanal
las horas parecen ir
al fondo del abismo,
la negra sombra
de martirio da
una pena agónica.
Mientras; un mundo
ajeno queda afuera,
aprendimos con los días
de una cárcel; un mal
que, como vitral, expandió luz
hasta el más íntimo rincón.
Mientras; vidas humanas
se extraviaban, renacían
los vergeles, las aves
reposaban en el mullido
silencio de tristes
balcones deshabitados.
Mientras; risas de los niños
de un infinito caudal
pasaron al encierro, río
languidece cual desierto
sin sustancia, ni amor:
y ellos, sin juegos, ni poemas.
Mientras; obreros en martirio
larga pena sin trabajo, ni dinero
y un costal de deudas, y el alma
entristecida al sofoco del futuro,
caminantes tras esfuerzos;
otros horizontes y destinos.
Mientras; los mayores acusan
fragilidad de su edad, y caen
en los tormentos de su respiro,
en la noche vergonzosa
de un ataúd vacío, cenizas
entre terribles marasmos.
Y mientras todo sucede aún;
el mañana atrapado en la vorágine
cual torbellino sin fin dictará sentencia:
se acomoda un mundo extraño
a las miradas todas; los labios tapados
y en suspenso, nada de besos, ni abrazos.
