por Griselda Zavala Márquez
Cuando se anunció mi muerte inició la mejor parte de mi vida. Los seres humanos se creen muy listos; corren de ahí para allá y de allá para acá… ¿en busca de qué? Ni ellos mismos saben. De hecho, yo tampoco lo sabía hasta que dejé de existir y todo gracias a un papel. Ahora mi pasado es libre, mi futuro ilimitado. Lo único que te comparto es mi nombre: Dmytro. Eso no dejé que se lo llevara el pasado.
Me pregunto si me notará en las sombras, en el ondear de sus sábanas antes de dormir o en los utensilios que se mueven cada vez que cocina lasaña. Hace tanto que alguien muerto en vida no residía aquí. Es enternecedor los recuerdos que despierta en mí, aquellos que pensaba que se volverían ceniza junto conmigo.
A nadie le importa que me llame Dmytro. Hay más personas en el mundo que comparten esta misma palabra a la que le digo nombre. Qué importa mi singularidad. A nadie le incumbe ni le afecta. Es lo bonito de estar muerto mientras se espera la muerte.
Quisiera tener presente mi nombre, pero ese se esfumó y ni siquiera estuve consciente cuando pasó. Sólo tengo un cúmulo de recuerdos que alguna vez se llamaron vida, otras veces presente y algunas pasado.
¿Será importante que cada historia tenga su título?
Griselda Zavala Márquez
Nació el 2 de octubre de 1997 en Monterrey, Nuevo León, México. Estudia Letras Hispánicas en el ITESM. Sus mejores lecturas con normalidad forman parte de la Literatura Infantil y Juvenil, también los textos escritos por mujeres son de sus preferidos. Además de la lectura, disfruta de salir a reír con sus seres queridos y de ver series repletas de una gran variedad de emociones.

Ser invisible para observar al otro o a una misma es un deseo posible en la literatura, la ficción nos permite jugar incluso con desaparecer y volar por los aires como un papel, como ese papel causante de la desaparición de Dmytros.
Enhorabuena Griselda.
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