Los ríos subterráneos se aceleran, van con fuerza saliendo de las cavernas rosadas y explosionan llegando al éxtasis con gritos de placer ante la fuerza de la emoción palpitante de su existencia, como olas que se estrellan en acantilados, como la caída de agua de elevadas cascadas. Con ese estruendo y fuerza se encuentra con su propia naturaleza.
