Y desde entonces me acostumbré a la tristeza, pero sobre todo a la soledad. Me escondía en mi cuarto, en las escaleras que llevaban a la azotea de mi casa y detrás de muchísimos libros…
Y desde entonces me acostumbré a la tristeza, pero sobre todo a la soledad. Me escondía en mi cuarto, en las escaleras que llevaban a la azotea de mi casa y detrás de muchísimos libros…