Las noches de tormenta siempre traen consigo inesperadas… oportunidades. Su voz era como una melodía cálida que acariciaba mis sentidos. Un escalofrío me recorrió la espalda al comprender el doble sentido de sus palabras. El deseo comenzó a arder dentro de mí.»
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Dos por un cuarto de hora
Me colocó en la silla de paja al lado del clóset, que lastimaba mis caderas en cada embestida; el sudor nos hacía resbalar. Nos olvidamos de todo, solo nos dimos a sorbos de tan sedientos que andábamos.
