Colaboración Por Marlene Palma

Deseaba saltar. En eso pensaba ella, posada en un árbol. Siempre, al subir, le impregnaba el deseo. “¡Qué aroma delicioso!” Aurora extrañaba el aroma a naranja cuando bajaba de allí. Los momentos más lúcidos y nítidos fueron entre naranjas.
La primavera tornaba granada sus tersas mejillas, corría debajo de los árboles junto a algunos niños, aun sin poder distinguir con claridad sus facciones, ella les sonreía. Una mañana, los niños llegaron cuando todavía estaba posada en su rama, murmuraron bajo el árbol: “ya no quiero que esté con nosotros” “tampoco yo, habla todo el tiempo de cosas extrañas” “¿Han escuchado las tonterías que dice?” “Sí, siempre con cara de perplejidad, viendo a las aves o cualquier estupidez que se atraviese” «dice que somos iguales». Todos reían. La niña contempló el momento en el que ellos se marchaban, la hierba lucía esplendorosa, la expresión en la cara de los niños era clara.
El río no era más transparente que ella, adoraba sus pies, acariciaba su cabello con dulzor para aliviar el manto ardiente del verano. Planeó acercarse a su árbol, contraer el tiempo entre ambos, caminó de un lado a otro en el lugar que había destinado para ello pero no pudo determinar el tamaño de cada espacio ni el aspecto exterior, todo parecía desproporcionado desde allí. Subió al árbol –desde aquella clara mañana que vio partir a los niños ya no lo hacía con la misma frecuencia, temía ver a las personas a través de sus palabras–, una extraña sensación flotaba allí como el aroma a naranja. Desde allí creó su hogar.
Aurora amaba su soledad. El entorno satisfacía sus sentidos y la colmaba de ensoñación: posar en la rama de su árbol y disfrutar el aroma cítrico mezclado con otros todavía indescifrables. La hacía dueña del espacio y el tiempo, inmaculados néctares que extasían con sabor a libertad. La brisa de la tarde bronce y dorada humedecía su piel, las gotas permanecían en sus labios carmesí, el viento ondeaba su cabello cada vez más frío, pues la noche se acercaba.
Sin conocer aún la naturaleza de un nuevo sentimiento, llegó éste poco a poco hasta que comenzó a deteriorarse otra vez la vista de Aurora. El calor del brazo humano rodeó su cuello, la oprimió un estremecimiento al sentir que una mano tomó la suya.
No podía ver el rostro de él. Sus ojos enfermaron pero oía bien, emprendió cada paso y decisión de acuerdo a lo que escuchaba.
Los días fueron invariables, Aurora no subía al árbol. La mano que la acariciaba la retenía y la mantenía abajo mediante discursos ingeniosos. La boca púrpura de Aurora temblaba, la noche silenciosa apagó el brío en su semblante. Salió a beber la luna, intentando ver el reflejo de ayer; él no estaba, así que la mujer subió al naranjo. Lo vio llegar, fue la primera vez que lo observó desde allí: cada detalle de su rostro se reveló, a través de los ojos vacíos mostró su interior. Aurora aspiró el aroma del jugoso elixir, se dio cuenta de que ella estaba en la rama y él abajo. Él no trataría de subir al árbol, le parecía alto así como innecesario llegar ahí, las naranjas no le apetecían.
Mejoró la vista de Aurora ¿Abandonar la rama en la que bebe el verde fresco de la hierba o a las flores radiantes, dejar de admirar su florecimiento al igual que su muerte, para permanecer en la sombra de los muros en la tierra? ¿No era puramente hermosa la interacción gravitatoria que había entre ella y la materia de su contemplación? Tenía dos opciones, una convicción: decidió permanecer en el árbol toda la noche. Esta vez osó arrancar una naranja, pero antes, contempló el entorno, lo saboreó, lo vio distinto, apreció todos los aromas a la vez: la hierba, las flores, la madera, la tierra. Las aves trinaron, el rocío malva permeó su esencia, a la orilla de la frágil rama estiró la mano para arrancar el fruto, simultáneamente extendió los brazos para ascender.

Semblanza:Fecha y lugar de nacimiento: 13-01-1989 Estado de México, México.Estudios: Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM.Las dos artes que más amo son la música y la literatura. De la última he hecho un poco:
Publicaciones: Editados y difundidos por el INPI en formato digital: Cuentos «Voces del Volcán»; Romances “El camino de cempasúchil” y cuatro sonetos “Cielo y Tierra”.Editorial Alas de Cuervo: Cuento Rectángulo en la noche, de la antología «Relatos Fúnebres” y Regresaré a buscar la llave, de la antología “Criaturas nocturnas II”.Revista “Las Vetas del Azogue” Edición OTOÑO 2024: Cuento Lapuertaperdida.
