Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.

Por Arizbell Morel Díaz.

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Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla.  

Al fondo del cuarto se encuentra una maestra de música con su teclado al frente. Sus manos recorren rápidamente los rectángulos produciendo sonidos diatónicos mientras entona al unísono. Uno, dos y tres y cuatro. Uno, dos y tres y cuatro…

¿Cuántas voces veladas no ha escuchado a lo largo de su vida estas mismas cadencias? ¿Cómo han recorrido otras manos esas mismas secuencias, pensando, sintiendo lo que ella ahora atraviesa?

¡Miss! ¡Miss! Una voz ligera, de una pequeña, la interrumpe. Es Sonia, su alumna estrella que la mira perpleja. ¿Sí? le contesta en medio de los acordes con séptima que ahora escapan a sus dedos trémulos. ¿Qué es ser mujer, Miss?

Silencio de redonda en varios compases. 

Es como si el tiempo se detuviera entre sus dedos. Y las barras de repetición no alcanzan para describir lo que siente la maestra en esos instantes…

La pregunta de la niña la sorprende. Y pensar que cuando ella estuvo en ese mismo lugar no lo habría dicho. Pero ahora las niñas preguntan. Las jacarandas, que ya no bailan, les contestan en incertidumbre. Porque responder que ser mujer es ver caer la lluvia, caer con ella sería una respuesta demasiado evasiva. Porque también es caer con la luz de la luna y el brillo del sol constantemente. Es un insaciable oscilar entre C mayor y menor sin ninguna certidumbre de retorno. Ser mujer es así: definirse a cada instante. Acompañar a las amigas con un té caliente, sin importar que sea Desayuno Inglés o Earl Gray; la hilera de tazas perfectas, alineadas, coloridas y acogedoras pueden definir lo que es un grupo de féminas en su mente.  ¿Y si ser mujer es ver los astros caer, tan solo una constelación a la vez? 

Legato, legato, legato, su voz iba en crescendo y descrendo una nota a la vez mientras piensa qué responder; las melodías que salían de sus cuerdas llenaban todas las salas del mundo a la vez. Quizá eso sea ser mujer: Escuchar el coro de voces que resuenan mientras ejecutas una secuencia sin fin. 

De pronto, las corcheas. Taka, taka, taka, takatakata, taka. 

Taka, taka, taka, takatakata, taka.

Taka, taka, taka, takatakata, takatakataka, taka, taaaa…

No, ser mujer no puede definirse. Simplemente se es. 

Eso que eres tú es serlo, le contesta con su clara voz de soprano. ¡Pero yo no soy igual a mi hermana! Por eso. ¿Por eso qué, Miss? Por eso eres mujer. 

FIN.

Arizbell Morel Díaz.

Becaria de Dramaturgia en la Fundación para las Letras Mexicanas 2025-2026. Especialista en Literatura Mexicana Siglo XX (Teatro) por la UAM Unidad Azcapotzalco. Licenciada en Literatura Dramática y Teatro por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” de 2021-2024 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021.

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades.

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. Vocalista en Vibraría (@vibralia_la_banda)

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020).

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