Por: Samia Badillo

Hace una mudanza me encontré con este libro de Voltaire, que leíamos en mis grupos de Literatura Universal. ¿Este libro volverá a las aulas algún día? Me preguntaba, mientras lo dejaba en una caja junto a Trafalgar y Niebla y esperaba lo mejor en mi nueva casa.
Llevo más de un año en ella y sí, todo es mejor de lo que pensé. Justo hace unas semanas recibí a mi familia y se me hizo muy bonito abriles la puerta a esta especie de nido que me he ido forjando con los años. En aquella visita, los llevé a un jardín japonés, en la Ciudad de México.
No sé qué tienen los jardines japoneses, me encantan. Hay una mezcla de elementos que convocan a la armonía y silencio.

Parque Masayoshi Ohira
Mientras caminábamos me acordé muchísimo de la última frase que dice Cándido, el personaje principal del relato de Voltaire.

No les hago el cuento largo, pero les doy contexto: Cándido es un miembro de la corte que se enamora de Cunegunda, otra mujer de la corte, pero les gana la calentura, los cachan y terminan expulsados en una aventura por Europa y América pasando infortunio tras infortunio. Hambre, piratas, inquisión. Sociedades violentas. Recuerdo mucho que un personaje se encuentra con un pirata o un soldado y le rebana una nalga. No sé, de verdad que la pasan mal.
Cándido, en la corte, tenía un maestro filósofo, Pagloss, que le decía «Vivimos en el mejor de los mundos posibles». Cándido al principio de la novela es todo inocente y cree en toda esa disertación filosófica. Pero Pagloss vive en el mundo de las ideas y a Cándido el viaje lo cambia porque ya ha salido realmente al mundo y ha visto una crueldad que contrasta con las imágenes que tiene en la mente su maestro.
Al final (spoilert alert), Cándido, Cunegunda y otros personajes crean una comunidad y labran la tierra. Están lejos de los círculos palaciegos, pero trabajan; están en paz y les va bien.
Mientras cultivan su huerta, Pagloss empieza a hablar de reyes, de cortes, y le dice a Cándido que si no hubieran pasado todo ese infortunio, no estarían cultivando la tierra, ni se hubiera casado con Cunegunda ni hubieran terminado cosechando frutos y haciendo conservas. Lo explica como diciendo: ¿ves? Mi hipótesis se cumplió: «vivimos en el mejor de los mundos posibles». Cándido, que ya no es quien era, asienta a decir: sí, sí, Pagloss. «Pero hay que cultivar nuestro jardín».
Pienso mucho en esa frase. Mucho, mucho. Hay personas que pueden decirnos: «hey, las cosas pasan por algo», pero cuando una viene de pasarlo como el orto esa quizá no sea una frase con la que puedas conectar.
Mientras recorro el parque, pienso en Cándido.

En sus manos, que me imagino llenas de tierra. En Pagloss, en el mundo de las ideas y la teoría. Quizá hasta en la evasión. O en una burbuja de privilegio.
Me digo que así es la vida: habrá altas y bajas. Hay momentos tristes y alegres y pesados y livianos.
¿Es el mejor de los mundos posibles o las cosas pasan por algo?
Y…yo como Cándido, no lo sé.
Lo que sé es que estoy viva y aunque un poco madreada, trato de hacerme cargo y sigo trabajando por lo que quiero aún con mis resistencias y defensas.
Que mi comunidad está allí, pasando también sus aventuras y desventuras. Y nos acompañamos.
Abrazo a mi hermano y le tomo fotos en el puente e incluso le ayudo a grabar un vídeo para su canal de tik tok.
No sé. De verdad no sé si este es el mejor de los mundos posibles. Con todas las noticias de guerra (Irán, Líbano, Palestina), élites millonarias y trata de personas, con la violencia en el país ; con lo que me ha tocado ver y padecer de injusto en mi propio mundo…creería que no.
Pero veo mi casa, mis plantas, mis libros. Mi ilusión de invitar a gente querida a un espacio que me construí.

Y creo que como dijo alguna vez Voltaire, en labios de Cándido: hay que cultivar nuestro jardín.
Y me gusta la potencia y la belleza de eso.
Porque nadie puede hacer nuestros actos. Y por eso, tampoco nadie nos puede quitar la determinación de labrar y cultivar lo que anhelamos, nos impulsa o apasiona.
Ahí está ese jardín que florece a pesar y quizá necesariamente contra esa parte del mundo.
Y es nuestro.
