Por Irene González.
Qué cansancio. Vivir de un “a ver qué pasa” a otro, entre el fuego del automóvil incendiado y el tronar de las metralletas. Ser daño colateral en una guerra que por décadas nos tiene azotados, un monstruo de tantas raíces y tantas cabezas que ya no hay ni por dónde abordarlo. ¿Cómo se le explica a los niños lo que es un narcobloqueo? ¿Cómo pedir empatía a quienes cometen estos actos? Con gran probabilidad han crecido en entornos violentos, desiguales, inhumanos. Una maraña de problemas sistemáticos que engendra de modo exponencial más violencia.
Es insostenible. Nos sujetamos a la mano del “en otros lugares está peor, en otra época, siempre han habido problemas”. El mentado “no pasa nada”. Y apretamos esos dedos falaces como si se nos fuera la vida en ello, porque la verdad es que sí, se nos va: se nos va el piso que sostiene la frágil ilusión de control y de seguridad, la débil burbuja que nos separa de nuestra vulnerabilidad y de lo poco que servimos para protegernos a nosotros mismos, a nuestras familias, lo que amamos y en lo que tan duro hemos trabajado.
Despiertas y todo está, literalmente, en llamas. “Pasa lejos de nosotros” dicen los que mañana se encontrarán en el ojo del huracán. La violencia nos tiene agarrados por el cuello, haciéndonos creer que, mientras nos mantengamos al margen y no juguemos chueco, mientras vivamos aquí y no allá, vistamos así y no asa, estaremos a salvo. Hasta que te toca.
Andamos de una situación invivible a otra, rodeados de estructuras que colapsan literal y metafóricamente, que se tambalean, que fracasan abismalmente una y otra vez, el cuento de nunca acabar. Llámese sistema de salud, de seguridad, de educación, de movilidad. Llámese sistema en general y fallido en específico. Nos está aplastando, engullendo con un hambre voraz, sin disculpas, sin remordimientos. Con un “no tengo datos suficientes, hay una carpeta de investigación abierta, no es responsabilidad nuestra, los confundieron, otra vez los confundieron, otra vez, otra vez, otra vez”. Un “ahorita no joven, ahorita seguimos matando”.
Y aguantamos vara, y le damos para adelante, porque ¿qué más podemos hacer? Y nos desensibilizamos, porque ¿cuánto más nos puede doler?. Pero el abismo es grande, resta camino por caer. Bastante.
Quién sabe. Quizá soy yo, que hace mucho que no tengo razones para formarme panoramas optimistas. Quizá esta noche en particular el sonido de helicópteros dando eternos rondines, detonaciones de armas de alto calibre en la esquina de mi casa, la visión de columnas de humo elevándose por todo Jalisco y el constante estado de alerta, me tienen particularmente catastrofista. A lo mejor es que acabo de leer “La parábola del sembrador” de Octavia Butler, y la visión de comunidades rodeadas por la violencia (resultado de la escasez de recursos y de la droga), esperando únicamente a que caigan los portones y derrumben las puertas de sus casas para terminar de perder lo poco que todavía poseen, que todavía crece y que aman, es inquietantemente cercana.
En este momento no veo claras muchas cosas. Lo que sí veo, incluso a través de mi cortina de decepción, tristeza y pesimismo, es que entre tanto vacío y violencia los actos de empatía y comunidad son verdadera resistencia. La vecina que ofrece agua potable porque en su casa tiene filtro, los que ofrecieron huevos para el desayuno a quienes tenían el refri vacío. Parece poco, pero son gritos de humanidad elevándose entre el ruido de la destrucción. Y en preservar esa humanidad y el sentido de comunidad, radica la poquita esperanza que todavía, chance y, podemos tener.

Irene González es autora de la novela juvenil de fantasía “En busca de Itzel”, ganadora en la convocatoria Alas de Lagartija 2021 del programa Alas y Raíces perteneciente a la Secretaría de Cultura Federal. Publicada en antologías infantiles como “Sobre la tela de una araña” (Ediciones Momo 2022) y la antología de ciencia ficción “Xalisco Inefable” (Ediciones Mandrágora 2022). Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria (Literalia Editores). Ganadora del 1° y 3° lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Colabora en la revista La Coyol y en Artefacto de Letras.
Instagram: @r.irenegon
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