El ojo de Lya | Ascenso y caída: John Galliano

Se sabe que el mundo de la moda es superficial, consumista, gordofóbico y con otros vicios. Sin embargo, como bien dice Miranda Priestly, nuestras decisiones de vestimenta no nos eximen de la industria de la moda. Personalmente me adentro en los diseñadores: sus conceptos de creación, qué los inspira y lleva a que su expresión artística sea tan impactante. Hace poco vi el documental «Ascenso y Caída, John Galliano» de 2023, dirigido por Kevin Macdonald. 

John Galliano estudió diseño de moda en St. Martin’s School, donde encontró un espacio de pertenencia, expresión y libertad. En 1986, para su proyecto de graduación, se inspiró en Napoleón y la Francia del siglo XVIII, creando una colección exuberante que marcó el inicio de su marca personal. Desde entonces, el sello de su trabajo es la teatralidad, en la pasarela desemboca el refugio de sus fantasías. 

Juan Carlos Antonio Galliano-Guillén nació en Gibraltar en 1960. Hijo de una madre española, de quien aprendió el buen gusto por vestir; su padre fue plomero y hombre de ideología conservadora. Galliano descubrió a temprana edad que era gay. «Maricón, Maricón» era el insulto con el que su padre lo amedrentaba; su madre en ocasiones era figura protectora y en otras violentadora; a esto se le sumó la estricta educación católica, el temor de ir al infierno por pecar. En este entorno el refugio fue la fantasía de su imaginación y sus dibujos. Esta parte del documental me conmovió y me llevó a escribir en mi diario:

Los artistas somos criaturas rotas por la incomprensión en nuestra infancia… nos aferramos al arte sin saber que este terminará de rompernos.

A inicios de los noventa se muda a París y su talento lo lleva rápidamente al eje de la moda; él impulsó a las grandes tops models de esa época. Así llega primero a Givenchy y en menos de dos años la casa Dior le abre sus puertas. Sin embargo, el éxito implicó una exigencia excesiva, diseñaba su propia línea de ropa, además de relojes, línea infantil, zapatos, bolsas, joyería. Era una producción que dejaba poco tiempo al descanso; la industria de la moda es ávida e insaciable. Para resistir, Galliano recurrió a estimulantes, alcohol y drogas, la dirección de Dior lo “controló” porque les era rentable financieramente. En 2007 la muerte de su asistente y mano derecha, Steven Robinson, marcó un quiebre definitivo; Robinson era un juicio racional que sabía controlar la bestia e impulsar la genialidad del maestro. 

En 2011, los videos donde Galliano lanza insultos racistas y antisemitas en un café de París provocaron su caída pública. Fue despedido de Dior, juzgado, internado en rehabilitación y empujado al exilio simbólico. No bastaba una disculpa; el daño ya estaba hecho. Galliano intentó racionalizar y comprender el origen de su conducta. ¿Era realmente racista y antisemita?

Un psiquiatra judío señaló que su éxito había sido una forma de venganza contra la violencia vivida en la infancia; sin embargo, no era justificable ni suficiente.

Entre ese caos mantuvo el apoyo y lealtad de las mujeres que crecieron de su mano. Naomi Campbell dijo ni siquiera haber visto los videos, porque ella lo conoce; Charlize Theron empatiza al haber vivido con un padre violento; Anna Wintour mencionó que no hubo temor de su propia reputación al relacionarse con él y Kate Moss recurrió a él para que diseñara su vestido de novia, este acto solidario de amistad significó para él una rehabilitación creativa, un modo de recuperar la confianza en sí y en su trabajo. Pero, ante el resto del mundo, la condena se había dictado. 

Buscó aprender, acercarse a la comunidad judía, escuchar y comprender. El rabino Barry Marcus aceptó acompañarlo y lanzó la pregunta central: “¿El arrepentimiento era genuino o solo el deseo de volver al glamour?” y añade: «¿quiénes somos para condenar a alguien qué dice que se equivocó?”.

En su primera entrevista, luego del escándalo, el diseñador declaró: «Intento comprender a Juan Carlos, el niño que perdí en algún momento del camino».

En 2014 toma la dirección artística de la casa Maison Martin Margiela. Galliano afirma estar en un lugar feliz, continúa creando, lleva más de una década sobrio y agradece la presencia de su pareja, que lo ha acompañado desde el brillo del éxito hasta la sombra de su caída. El diseñador afirma algo que hace resonancia con lo que escribí en mi diario:

“Algunas de las piezas más hermosas de prosa, poesía, de pintura, han sido hechas por artistas, poetas, y escritores con un gran dolor, y lo que producen es goce puro”.

Al cierre del documental se muestran imágenes de una pasarela de 2022, titulada “Cinema inferno”, en donde las y los modelos repiten un monólogo que cuestiona si nos ocurren cosas malas por ser malas personas, menciona también el temor a no ser perdonados; indudablemente una catarsis. John Galliano es un hombre talentoso, besado por los fríos labios de la fama, que cayó al infierno prometido en la infancia, logró salir aligerado en ego y quizá reencontró lo que buscaba.

Publicado por Liana Pacheco

Liliana Ruiz P. Escribe bajo el seudónimo de Liana Pacheco. Estudió licenciatura en Administración. Lectora ferviente que emprendió a escribir sus propias historias.

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