Por Madelaine BO.

En el escenario de la vida, nosotras llevamos una doble máscara de perfección, sonriendo mientras nos ahogamos en expectativas. Detrás de la cortina, nos sentimos impostoras, como si estuviéramos fingiendo ser la mujer que la sociedad espera que seamos.
La multitud aplaude, nos felicita por nuestros logros, pero nosotras sabemos la verdad. Sabemos que estamos rompiendo barreras, desafiando normas, y aun así, nos sentimos como si no fuéramos suficientes.
¿Por qué nos cuesta tanto reconocernos en nuestros logros? ¿Por qué nos sentimos como si estuviéramos robando un espacio que no nos pertenece? La respuesta está en la historia, en la cultura, en la sociedad que nos ha enseñado a ser menos, a ser perfectas, a ser sumisas.
Y también está en el miedo. Miedo a ser vistas, a ser juzgadas, a ser rechazadas. Miedo a amar, a ser vulnerables, a entregarnos. Miedo a que nos lastimen, a que nos abandonen. Miedo a ser mujeres, a ser humanas, a ser imperfectas.
Pero nosotras sabemos que la perfección es una trampa. Sabemos que la verdadera fuerza está en la imperfección, en la vulnerabilidad, en la sororidad. Sabemos que podemos ser líderes, creadoras, revolucionarias, y aun así, ser mujeres, ser humanas, ser amantes.
Así que quitémonos la máscara, y mostremos nuestra verdadera cara. La multitud seguirá aplaudiendo, pero esta vez, será por nosotras, por nuestra autenticidad, por nuestra valentía de ser, de existir, de luchar, de amar.

