De recuerdos, aventuras y reflexiones|Propósitos de año nuevo

Por Tania Farias

Le echaré la culpa a que hacía mucho frío y a que los festejos para celebrar el nuevo año iniciaron temprano. Pero en esta ocasión, el cambio de año y, a pesar de estar muy bien rodeada de las personas que amo, se sintió diferente. Aunque pensándolo más, quizás lo sentí como lo que realmente es: el término de un día y el inicio de otro.  

Bajo un cielo completamente oscuro, cubierto con una neblina persistente desde el día anterior, el horizonte se iluminó a las siete de la noche con fuegos artificiales que, durante diez minutos, nos mantuvieron maravillados. El frío gélido de los Alpes rozaba nuestras mejillas mientras contemplábamos el espectáculo desde el balcón de nuestra habitación. Después, todos en familia, bajamos para unirnos a los demás huéspedes y empezar las celebraciones. Un brindis con mariscos para comenzar, seguido de una deliciosa cena, digna de un día especial, que el hotel tenía preparado para sus clientes.

Eran pasadas las nueve de la noche cuando ya habíamos finalizado y aunque nos quedamos un momento en sobremesa, tampoco podíamos tardarnos demasiado, pues todo el mundo empezaba a retirarse y el personal del restaurante también necesitaba terminar con sus labores. Así que bajamos al bar, donde el resort había anunciado que habría una noche de baile. La música nos animó por un rato, pero entre el cansancio por las actividades del día sumado a que los ritmos que despedían las bocinas ya no lograban movernos, todos en nuestro grupo (marido, hijo, hermano, cuñada y sobrinas) decidimos regresar a nuestro cuarto. Nada más entrar a la habitación, miré mi reloj y las manecillas tenían poco de haber rebasado las once de la noche. Nos dimos un abrazo deseándonos lo mejor para el siguiente año y cada uno partió a sus camas.

Si bien había sido por mi insistencia el pasar por el bar, aunque fuera solo un momento,  como buscando prolongar la noche y esperar la llegada del nuevo año, ni yo misma tuve la energía de aguantar completamente despierta hasta la medianoche, tarea que se volvió más compleja en la calma de nuestra recámara. Resistí lo más que pude viendo historias en mi teléfono, solo bastaron unos minutos para que los ojos se me cerraran con pesadez. 

Escuché a lo lejos el recuento en retroceso de los segundos y vi de nuevo el cielo iluminarse, me levanté para admirar desde la ventana algunos fuegos artificiales que en ese momento ya se apreciaban con total claridad, pues la bruma que nos había cubierto por casi cuarenta y ocho horas se había esfumado en el lapso de la noche. Miré hacía mi cama, en la que mi hijo y mi marido dormían plácidamente, les deseé y me deseé un muy feliz 2026, apagué la luz y me fui a dormir.

No, no hicimos rituales como sacar a pasear una maleta vacía para viajar mucho o comer lentejas para la prosperidad. Tampoco hubo uvas con cada campanada ni una lista con los propósitos/intenciones para este 2026.

El fin de año me agarró a las prisas, ocupada, celebrando en familia eventos importantes, que ni siquiera me di el tiempo de pensar en lo que había sido mi año y en lo que esperaba para el siguiente. Quizás el único momento que me otorgué para eso fue durante una visita que mi marido y yo habíamos hecho el mismo 31 de diciembre a un pueblito pintoresco muy cercano a la estación de esquí donde nos hospedábamos. En lo alto de la colina se levantaba airosa una pequeña iglesia. Subimos hasta ella y aunque no nos cruzamos con casi nadie en nuestro ascenso, tuvimos la suerte de que las puertas del templo estuvieran sin pestillo. 

Empujamos la vieja y pesada puerta y, a pesar de que no había nadie en el interior, entramos con la solemnidad y el respeto que un lugar de culto merece. Admiramos el humilde nacimiento a los pies del altar y después nos dirigimos hacia un espacio donde se podían colocar veladoras. Cada uno encendió una. Mi oración fue corta, de agradecimiento por los 365 días que se había ido, con sus altas y sus bajas, pero con mucho aprendizaje. No me detuve a hacer un recuento, solo agradecí y pedí que el próximo año, sin demandas explícitas, fuera un buen año para todos mis seres queridos y para mí misma.

Han pasado ya varios días desde el primero de 2026 y sigo sin maquinar en mi cabeza una lista de propósitos. No es por falta de deseos, ni de cosas por terminar. Sin embargo, la vida me ha bien enseñado, que muchas veces los planes se caen al agua y todo toma un rumbo inesperado. Durante años, esperé con entusiasmo las doce campanadas del anuncio de un nuevo año, como si cada una de ellas trajera consigo un borrador gigante que pudiera desaparecer todo aquello que no había funcionado el año precedente y, en su lugar, dejara una hoja limpia sobre la cual volver a empezar. Tampoco faltaban  las listas de propósitos que al cabo de unos días o semanas perdían importancia o simplemente se me olvidaban.

Hoy, aún cansada de las últimas semanas del fin de año y del inicio de este, mi mente se niega a fastidiarse y a que la obligue a crear esa lista que quizás no lograré. Como bien lo escribió una amiga recientemente, quiero parar de ejercer presión inútil sobre mí misma y dejar que mi historia se vaya escribiendo a mi propio ritmo. Quiero disfrutar de lo que llegue, apreciar lo que tengo y quién sabe, en una de esas, logro concluir algunos de los proyectos que tengo pendientes y empezar nuevos.  

Abandonándome a la idea de simplemente dejar fluir las cosas, respiro con alivio y me digo: lo que tenga que venir, vendrá. Por lo pronto: feliz 2026.

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

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