La arquitectura de la niebla

Enola Rue

Mi madre siempre decía que fumar es una enfermedad hereditaria. De niña, yo habitaba esos nubarrones blancos y grises que remolineaban entre los adultos: una arquitectura de niebla que sostenía las conversaciones y los silencios. Se movía entre nosotros esa tormenta estática que no traía lluvia, sino recuerdos viejos; una tranquilidad ansiosa que solo se disolvía cuando alguien finalmente abría las ventanas. Entonces el aire entraba como un intruso, las personas se dispersaban y la magia de esa herencia se desvanecía en la calle.

Aún conservo la curiosidad herida de cuando leía las advertencias en las cajetillas: esos catálogos de muertes inminentes que yo estudiaba como un presagio. Mis ojos de niña brillaban de miedo ante la paz con la que mis parientes inhalaban y exhalaban aquel hálito de muerte, como si el veneno fuera solo otra forma de respirar.

– De algo hay que morirse – sentenciaban–. Después de todo, uno no debe acudir a la muerte; ella es quien debe venir a buscarnos. Y tenían razón. Aquellos cigarrillos eran faros encendidos que no buscaban barcos errantes para guiarlos al Más Allá; eran luces que se retorcían en su propia ceniza, consumiéndose en el mismo lugar donde intentaban brillar.

Recuerdo cuando encendí mi primer cigarrillo: el primer faro para navegar ese mar imaginario que conduce al final. –Así que este es el sabor – pensé, – me agrada. Me agradó tanto que me asustó. Pero entonces, mi cuerpo rechazó la profecía con una náusea violenta y amarga; como si mis pulmones intentaran expulsar a golpes un destino que no les pertenece. Fue en ese vacío, con el sabor de la bilis y el tabaco todavía en la lengua, cuando lo comprendí: mi madre no advertía, sentenciaba. Fumar es, después de todo, una enfermedad hereditaria.

Publicado por Enola Rue

Enola Rue es estudiante de Letras en la UNLP y una observadora incansable de las grietas de lo cotidiano, donde busca rescatar lo que el ruido diario suele ocultar. Desde su blog Indie tear, explora la literatura como su alternativa de vida más vital, traduciendo su visión del mundo en poesía y narrativa. Es autora de «¿Qué dice la margarita?» (2° lugar Clásicos Romances) y su cuento «No se admite ser para la muerte» forma parte de la antología Esa otra voz (Editorial Rubin).

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