Por Daniela Perlín Vega
Punzadas
Queda poco tiempo para escribir el punto final en la última libreta que me queda, de entre tantas que me obsequiaste. No voy a quemarlas, sería un desperdicio de palabras, de mi dolor punzante en la muñeca izquierda. Soy zurda. Solo escribí cosas ciertas, pues son mis diarios, y también porque, en alguna contraportada me dejaste una nota, donde me pedías que fuera sincera contigo y con las hojas en blanco. Suelo ser complaciente. No le oculté nada a ese montón de papel, ni a ti.
Supongo que somos lo que le regalamos a los otros. Todo cuaderno tiene un límite de espacio y tú igual. Ya no me escuchas, has dejado de hacerme preguntas y sé que no quedan más líneas donde yo pueda explayarme. Entérate, no soy de las que ruegan. Así que voy a cerrar la libreta luego de trazar el punto final en la última página y compraré mis propios cuadernos. Me niego a desperdiciar mis palabras en tus oídos hartos, porque hablarte se siente igual a escribir sobre páginas que alguien más terminará tirando al fuego, para que se consuman en el olvido.
Mis letras no son cenizas, sino dolor en la muñeca izquierda y unas cuantas punzadas de mi vida, esa que, si bien a ti ya no te interesa, a mí sí que me importa.

