Por Mijal Montelongo Huberman
Los cuentos de Bora Chung, escritora surcoreana, son muy impactantes y dan mucho para reflexionar y discutir. Por eso, después de primero leerlos sola sentí la necesidad de entrar a un círculo de lectura sobre ellos para no quedarme con todo lo que pensé y sentí enjaulado en mi interior. Ahora, hablaré sobre uno de los que más me impresionaron y que se titula “La trampa”.
Trata sobre un hombre que se encuentra a un zorro atrapado en un cepo. En primera instancia, piensa en quedarse con su piel. El zorro le pide ayuda, pero no le hace caso y se da cuenta de que la sangre del animal es oro líquido. Se lo lleva para prolongar su sangrado y hacerse rico por mucho tiempo. Cuando el zorro por fin muere, le regala la piel a su esposa. Posteriormente, el hombre tiene mellizos que presentan una peculiaridad: cuando el niño se alimenta de la sangre de su hermana, la sangre de él se convierte en oro líquido, como la del zorro. El padre promueve la producción del oro sin importarle el bienestar de su familia.
En ambas ocasiones en las que leí el cuento, no me pude quitar de la cabeza que la extracción de la sangre áurea era una metáfora de la sobreexplotación de los recursos naturales. Me hizo reflexionar acerca de cómo se sobreexplotó el oro líquido y, por lo tanto, a los individuos en el cuento.
La primera manera es que los cuerpos del zorro, del hijo y de la hija representan la tierra y el oro líquido es un mineral extraído de ella. Me pareció novedoso que el oro se encontrara en la sangre del zorro y del hijo ya que se trata de una fusión entre un recurso no renovable, como lo son los recursos mineros, y un recurso renovable, la sangre.
El hombre del cuento considera que tiene derecho sobre el cuerpo y la sangre de estos individuos por encontrarlos y darse cuenta de su potencial, como es el caso de una persona que descubre un recurso, se autoproclama su dueña y decide sacarle provecho. Otro evento en el texto que apoya esta idea es que, una vez que el hombre acaba con la primera fuente del oro, que es el zorro, simplemente ve a su progenie como una segunda fuente para proseguir la extracción. En ningún momento dialoga con estos individuos ni con su esposa sobre el tema. La avaricia del personaje es evidente al querer quedarse con las fuentes del recurso (y los beneficios) para él solo.
En la explotación de los recursos naturales, no hay un antes y un después. Hay un antes, un durante y un después. El medio de donde se extrae un recurso da indicios más o menos evidentes de su deterioro y el de sus habitantes desde que inicia el despojo. El hombre del cuento no se muestra impresionado por que el zorro hable, molesto por la violencia del hijo, preocupado por las sospechas de su esposa, ni conmovido por el miedo y mutismo de la hija. A pesar de las señales que dieron los individuos de estar sufriendo, el hombre no las considera relevantes para su objetivo y las ignora.
Así mismo, al hombre tampoco parece importarle que el zorro y su progenie necesitaran la sangre para vivir. Ni que sus métodos de extracción mermaran cada vez más su existencia. Lo mismo pasa con la minería o el fracking: se extrae el recurso sin contemplar sus consecuencias a largo plazo en el entorno ni la autosuficiencia del lugar (ni de las especies que dependen de él). El medio de donde se saca un recurso puede quedar inhóspito y desprovisto de vida, tal es el caso del zorro, pero como eso no afecta a quien hace la explotación, no se toma en cuenta su cuidado.
La situación por la que pasa cada uno de los tres individuos representa diferentes formas de explotación. El zorro es un ejemplo real de la explotación de animales. En primer lugar, por la piel y, en segundo lugar, por la sangre. Aunque este último sea un recurso fantástico, hay muchos casos de especies que se consideran que alguna de sus partes, órganos, tejidos o fluidos tienen cierta propiedad que le trae un beneficio a las personas y son atrapados, enjaulados y matados por obtenerlo. El hecho de que un hombre piense que la sangre del zorro puede hacerlo rico no necesariamente es ficción, ya que hay creencias similares a esta idea.
En el caso del niño, considero que es una metáfora de la explotación de animales en general. El hombre lo controla para poder obtener el oro. Controla sus arrebatos violentos, le indica cuándo y por cuánto tiempo tiene que ingerir la sangre de la hermana, y él mismo le hace cortes para que salga la sangre áurea. El niño no tiene autonomía ni libertad, igual que los animales enjaulados y criados para satisfacer las necesidades de las personas.
La niña me parece que representa la explotación de los factores abióticos de la naturaleza, los recursos no vivos. Ella no habla ni expresa abiertamente el daño que está experimentando. El suelo, el agua y el aire tampoco tienen una forma de externar con claridad su deterioro. Sin embargo, éste se hace evidente cuando se consideran estos factores como parte de un ecosistema. La contaminación del ambiente no permite el establecimiento de la vida ni de interacciones que la nutran. El mutismo de la niña imposibilita la comunicación y formación de vínculos afectivos con quienes la rodean.
Un aspecto que se repite en los cuentos de Bora Chung es el aislamiento de los personajes principales. En “La trampa”, no hay ningún vínculo ni consideración por los diferentes individuos que forman parte del texto. Quien lo lea puede sentir empatía por ellos, pero ellos no la promueven entre sí. Me parece que por la misma razón se llegan a las consecuencias tan severas de la explotación de los recursos naturales: la falta de empatía y consideración por las necesidades de otros seres.
Considero que este cuento inquietante plantea de maneras acertadas cómo las personas explotan a otras personas y a la naturaleza. En este mes de sustos, te invito a leer los cuentos de esta escritora porque te garantizo que no dejarás de pensar en ellos durante un buen rato.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos.
