Hoy rehuimos de la negatividad en lugar de QUEDARNOS EN ELLA, dice Byung Chul Han y pienso, inevitablemente, en la frase con la que comencé a crear esta columna tan abandonada: dejar pasar al intruso.
El intruso es aquel que no has invitado, pero que está ahí. Los monstruos se parecen al término también.
Monstruo es lo DESCONOCIDO, que irrumpe de pronto, y te incomoda.
Yo, tan incómoda siempre, viendo el lado negativo de TODO.
Está bien PERO y ese pero impidiendo el disfrute del momento.
Será que debería dejar de evadir la herida que está abierta y que me pide sanación. Al menos verla. Al menos nombrarla.
Intruso el pensamiento ansioso, que me dice que todo está mal, y que siempre estará mal y que yo no encajo, y que en realidad no debería estar ahí. Hasta que punto es victimismo el sentir tan inseguridad y tan poco amor propio.
Intruso la niña que sigue llorando porque nadie la protegió cuando le hicieron daño.
Intruso la carencia, el desconocimiento, la depresión de mamá, la soledad de estar con ella.
y entonces, ¿cómo detener la huida-evasión de la oscuridad y el dolor que habita en la adulta de hoy?
¿Cómo dejar de nombrar intruso a lo que he venido a trabajar-sanar?
Porque una vez que se es consciente de esto, no hay manera de echarse para atrás. Se ha detectado el daño.
El mismo Chul Han dice que está sociedad niega la muerte, llenándose de todo lo que ofrece la supuesta «conexión» lograda por el internet, ocurriendo que, a falta de aceptar y ver más la muerte como algo existente, palpable y natural, se le quita valor y sentido a la vida. Haciendo qué seamos autodestructivos.
Es decir, ignoramos la muerte y por eso nos descuidamos o evitamos curar, ver la herida para seguirla repitiendo hasta que el cuerpo hable y advierta que es demasiado tarde.
Para este entendido: cuerpo y mente son complementos. La mente puede enfermar al cuerpo. El cuerpo puede sanar la mente. Porque todo es, a la larga, la armonía de estos dos. El fin último. Si yo me veo con amor y respeto, así empezaré a ver, genuinamente, al otro.
Bomba estereo dice: voy a cambiar lo que tenga que cambiar, y seguir creciendo. Urge la transformación individual para poder sanar también lo colectivo.
Yaneli J. González Velasco nació en Calvillo, Aguascalientes en 1995. Es egresada de Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Correctora de estilo y mamá de Eileen. Su cuento “La huida”(2022) obtuvo el primer lugar nacional por la librería sinaloense Sra. Dalloway. Es parte de la antología de poesía hidrocálida Brevario pandémico (2020) por la editorial independiente Agujero de Gusano. Como Camila Sosa Villada ella cree, con firmeza, que sin la escritura no habría posibilidad de vivir

