Carmen Asceneth Castañeda
Mi silueta se formó de papel y letras.
Frágil como periódico que no se vende,
a primera hora de la mañana y a la intemperie.
Como la mantis religiosa que se mimetiza
con la planta que la contiene
para resguardarse del peligro,
así mis palabras se transformaron en voz de otros
y mi piel se volvió de un blanco transparente.
Refugio ideal para ocultar lo que no se tiene.
Porque las chicas que leen, se esconden del mundo
y el mundo no las entiende.
Hasta que escribir me liberó.
Con un lápiz en la mano y dueña de la hoja,
por fin pude ser yo.
