Acerc-Arte||Palabra clave: Empatía.

Por Reyna Morales B.

El objeto de mi amor-odio: mi bastón…

Tengo 51 años. Mismos que he vivido intensamente. Mismos que han traído eventos buenos y eventos devastadores.

Fui una niña sana. Corrí todo lo que pude: jugando, en la clase de deportes o huyendo de la chancla justiciera de mi madre… Corrí detrás de gatos, gallinas, conejos y palomas, a veces atrapándolos con bastante éxito. Trepé árboles, brinqué la barda de mi casa y caminé grandes extensiones de la ciudad sólo porque tenía ganas de hacerlo… Bailé sola y acompañada: en mi recámara y en las fiestas… Me fui de excursión y fui una pata de perro profesional… Caminé sola con mi alma y con un montón de amigos… Cuando fue el momento corrí, brinqué, jugué y salté junto a mi inquieta hija… Pero pasan cosas. Se complican. Y de un día para otro, me quedé postrada en cama. Por tres largos y horribles meses. Y cuando podía incorporarme, mi rodilla parecía una liga tensa, muy tensa que en el momento menos esperado, se volvía un resorte que me hacía perder el equilibrio. Caminando, bajando escaleras o incluso estando de pie, ¡me caía! Cuando por fin un doctor supo que era lo que me estaba pasando y me dio el tratamiento adecuado,  poco a poco la fui librando. El movimiento de mis piernas mejoró y el dolor comenzó a ceder… Pude levantarme y comencé a conquistar los espacios fuera de mi casa… Pero ya nada volvió a ser igual. Camino pero distancias cortas. Correr, bailar o brincar ya no forma parte de mis actividades cotidianas. Subir o bajar escaleras es la Hidra que tengo que vencer día a día Y estoy condicionada a un horrible bastón. Si salgo cerca de casa y cuando voy acompañada, puedo olvidarme de él. Pero si voy sola y a distancias lejanas, como la universidad (es que vivo en Muy, Muy Lejano) tengo que llevarlo conmigo…

«La discapacidad es una cuestión de percepción. Si puedes hacer una sola cosa bien, eres necesitado por alguien»

Martina Navratilova

Y es así como empieza el suplicio. Y no sólo por la incomodidad física (el dolor en mi rodilla, en mis músculos y en la cadera). Son todas las peripecias que tengo que enfrentar. Y es que a veces las personas no son capaces de entender algunas cosas… No vivimos en una sociedad que empatice mucho. La ciudad, aunque ha tenido algunas modificaciones, en realidad no esta hecha considerando las diferencias físicas de las personas. Y algunas personas nada más no cooperan. En el transporte público, por ejemplo, me ha pasado que sólo me observan, con lástima, con morbo, pero sin inmutarse, sin apoyar. Sólo observan y ya. Es incómodo llevar tu mochila y estar sorteando los movimientos bruscos de choferes que manejan sin el más mínimo cuidado. No digo que siempre, pero he pasado por cosas así. En el metro, bueno. Otro numerito. Trato de irme en los vagones exclusivos para mujeres. Casi siempre alcanzo lugar. En alguna ocasión he tenido que solicitar el asiento exclusivo. Y en otras, me lo ceden… Pero con caras de molestia… Curiosamente, si me voy en un vagón mixto que va lleno, la mayor parte de las ocasiones en que me ceden el asiento, son hombres. En general la gente en la calle o en lugares públicos son considerados. En la universidad tampoco tengo quejas. Mis profesores han sido comprensivos y me dado las facilidades para no perder semestres. Mis compañeros son amables y educados… De vez en cuando algunos chicos o chicas de semestres iniciales si tienden a ser medio desconsiderados, por ejemplo, con el elevador. A veces se suben en bola y me dejan esperando porque ya no hay lugar para mi. O incluso, el otro día dos chicas iban caminando detrás de mi. Cuando vieron que iba para el elevador, corrieron, me rebasaron y se subieron al elevador, ignorandome por completo. Otra vez, tuve que esperar.

Aunque no todo es malo… Trato de ver lo bueno y/o positivo de esto, de aprender. Por ejemplo, valoro más mi cuerpo. Lo respeto más. Lo cuido tanto como es posible. Aprendí a valorar el tiempo de maneras diferentes. No voy a contra reloj. No lucho contra él. Siempre he dicho que soy hija de Cronos (es que soy Capricornio). Es ahora que entiendo mejor porqué. Trato de aprovechar que soy lenta, que no voy a velocidad megaultrasuper acelerada. Ya no. Utilizo los sentidos para ver, escuchar, sentir, saborear y oler lo que me rodea… Soy feliz conmigo… Aunque a veces extraño mis antiguas actividades…

Pero aquí, solo importan dos cosas:

1. La empatía de las personas. Estamos en un mundo que va a velocidad vertiginosa, pero es necesario parar, respirar… Tomar las cosas con calma… Y entender que no todos podemos ir al mismo paso. No se trata de que los demás cambien radicalmente su forma de vida, pero si de que se detengan a pensar que aún a personas «sanas» (yo lo era) algo les puede pasar. Una enfermedad, un accidente ¡la edad! te pueden cambiar la vida de un día para otro… Por eso es importante ponernos en su lugar. ¿Cómo sería tu vida con limitaciones físicas o mentales? ¿Cómo te gustaría que fuera?

2. Quienes enfrentamos situaciones así no debemos dejarnos caer. Está prohibido abandonarse. En una situación así sólo hay de dos: o te enfrentas al mundo, adaptándote y aceptándolo o te olvidas de ti y el mundo, te rindes y te dejas… La segunda, definitivamente no es opción.

   El mundo ya es demaciado violento… Seamos más amables con los demás y sobre todo, con uno mismo.

Publicado por Reyna M

Egresada de la Licenciatura en Ciencias Humanas. Actualmente curso el octavo semestre de la Lic. en Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Escribo reseñas, cuentos, un poco de ensayo y crítica. Animalera de corazón y una auténtica loca de los gatos. Amo la música, el cine y los libros. En Face Book tengo dos grupos: Acerc-Arte, para todo público, interesados en saber un poco mas sobre arte, historia, literatura y filosofía y el segundo se llama Hijas de la Tierra, exclusivo para mujeres.

Deja un comentario