Si el amor es algo tan universal, ¿por qué tantas personas se sienten insatisfechas en sus relaciones?
Para responder esta pregunta, hablé con diferentes personas sobre sus experiencias en el amor. Lo que encontré fue un patrón: muchas de nosotras hemos crecido con la idea de que debemos amar de cierta manera, siguiendo reglas no escritas que, más que acercarnos a la felicidad, nos llevan a la frustración.
Los testimonios de un problema común:
Clara, 32 años, me dijo: “Yo solía pensar que una buena mujer debía ser comprensiva, paciente, que debía esperar a que un hombre me eligiera y me demostrara su amor. Pero en mis relaciones, siempre terminé sintiéndome agotada, como si amar significara estar en deuda constante.”
Por otro lado, Carlos, 27 años, me contó: “A mí me enseñaron que los hombres tienen que ser fuertes, que no necesitamos afecto tanto como las mujeres. Así que en mis relaciones, me acostumbré a recibir menos de lo que daba. Hasta que me di cuenta de que el amor no debería sentirse así.”
Y luego está Sofía, 40 años, quien me confesó: “Yo me esforcé por no depender de nadie. Me dijeron que si una mujer se vuelve autosuficiente, el amor llegará solo. Pero la verdad es que ser independiente no me protegió del dolor de encontrar hombres que seguían esperando que yo me amoldara a su mundo, sin que ellos hicieran lo mismo por mí.”
Después de escuchar estas historias, la pregunta es inevitable: ¿cómo podemos construir relaciones amorosas que no nos encadenen a expectativas injustas?
El feminismo en el amor: no es una guerra, es una liberación.
Muchas personas creen que el feminismo es un enemigo del amor o que está en contra de los hombres, pero esto no podría estar más lejos de la realidad. El feminismo no busca eliminar el romance, sino sacarlo de la jaula de los roles de género que nos limitan.
El problema no es el amor en sí, sino las ideas que nos han vendido sobre lo que significa amar. Nos han enseñado que las mujeres deben ser entregadas, sacrificadas, pacientes, y que los hombres deben ser proveedores, fuertes, emocionalmente invulnerables. Y en ese juego de expectativas, terminamos desconectándonos de lo que realmente queremos.
Porque cuando el amor se basa en reglas rígidas, dejamos de vernos como personas completas. Nos volvemos personajes en una historia que no escribimos.
Entonces, ¿cómo podemos amar de manera más libre?
La respuesta no es sencilla, pero hay algunas claves:
1. Cuestionarnos lo que nos enseñaron: ¿Realmente quiero esto o lo hago porque “así deben ser las cosas”? Preguntarnos esto nos ayuda a identificar patrones que nos han lastimado.
2. Aprender a comunicar nuestras necesidades: Muchas mujeres sienten que expresar lo que necesitan es “exigir demasiado”. No lo es. El amor debe ser un espacio donde ambas partes puedan pedir y recibir en igualdad.
3. Entender que el feminismo también libera a los hombres: Permitirles sentir, llorar, equivocarse, sin esperar que sean héroes inquebrantables, es una forma de amor. No se trata de una competencia entre géneros, sino de encontrar maneras más humanas de relacionarnos.
4. Romper con la idea de que el amor es sacrificio: Amar no debería significar perderse a una misma. No se trata de medir quién da más o quién se esfuerza más, sino de construir un amor que haga bien a ambas partes.
El amor sin moldes:
Al final, lo que buscamos no es dejar de amar, sino hacerlo sin sentirnos atrapadas. Queremos un amor donde podamos ser auténticas, sin miedo a romper reglas impuestas. Queremos relaciones donde no se nos pida ser menos para que el otro se sienta más fuerte. Queremos, en resumen, amar desde la libertad, no desde la obligación.
Y quizás, solo quizás, cuando dejemos de seguir guiones que no escribimos, encontraremos un amor que se sienta como un hogar, no como una trampa.
Por: Alondra de Castilla.

Alondra de Castilla es escritora y columnista. En Tramas Humanas, explora las conexiones que tejemos en nuestra vida cotidiana: amistades, familia, comunidad, identidad y las historias que nos unen. A través de una mirada reflexiva y crítica, invita a cuestionar lo que damos por hecho y a descubrir nuevas formas de relacionarnos con el mundo y con nosotras mismas.
