El ojo de Lya | 100 años de soledad

La obra de 100 años de soledad, es de los títulos que encabeza las listas de “imperdibles de la literatura que debes leer al menos una vez en la vida”, que durante mi adolescencia lectora eran mi guía para encontrar nuevos títulos, indudablemente la obra de Márquez fue uno de ellos.

Año 2013: Fue mi primer acercamiento con el libro, pero no pude pasar más de cincuenta páginas, mi concentración se agobió en el entramado familiar, las calles bien trazadas de Macondo y los innumerables Arcadios y Aurelianos. 

Año 2017: Estaba en pareja con un hombre que decía decirse lector y cuando me vio leyendo la saga Game of Thrones de George R. R. Martin, sentenció mis inclinaciones literarias diciendo que eso no era literatura, que debería leer algo más formal como “Cien años de soledad”. Me señaló con desdén cuando le dije que no había podido terminarlo, dijo que ese libro era importante porque ahí estaba la historia familiar de García Márquez y, cito, “sin nada de ridiculeces de mágica”.

Año 2017: Para el mes de septiembre ya había terminado esa relación, y por trabajo me encontraba en CDMX, y mi costumbre era comprar un libro cada que iba allá. Terminé de desayunar del Sanborns de los azulejos, cuando pasé en el departamento de libros y uno llamó mi atención, la portada de vibrante azul y el icónico “Gabriel García Márquez Cien Años De Soledad”. Cuando llegué a la última palabra me encontraba embargada de emoción y cautivada por esa historia familiar.

Año 2019: Ya llevaba dos años profundizando en el aprendizaje de la escritura. Por lo que conceptos como “realismo mágico”, “arco narrativo”,  ya estaban entrañados en mi mente. Antonio Pacheco, un colega y amigo, escribía con un estilo literario que emulaba a Márquez, además mencionó que su pasión por las letras había nacido por “100 de soledad”. Busqué en mi librero aquel ejemplar comprado en el Sanborns. En esta segunda lectura, pude observar el estilo, construcción y sobre todo la relevancia del género “realismo mágico”, además de que desde ese momento la dolorosa pasión de Meme Buendía y Mauricio Babilonia se quedó permeado a mi memoria literaria. Luego de la segunda relectura, terminé molesta con aquel ex del 2017, tenía ganas de tomar el teléfono y decirle que dejara de ser un narcisista que se cree con superioridad de juzgar las aficiones literarias y mentir sobre haber leído “100 años de soledad”.

Año 2021: Adquirí una edición ilustrada de “100 años de soledad”, y emocionada me adentré en la tercera lectura de la obra, pero al llegar a la parte de la enemistad de Rebeca y Amaranta, aunado con la trama de Remedios Moscote cuando la instruyen física y mentalmente para ser la esposa de Aureliano, ya no pude continuar. Mi ideologia feminista encontró desagrado en cómo el autor desarrolló estas figuras femeninas, sentí que se reafirmaba el concepto de mujeres compitiendo por hombres o la violencia al casar a una niña con un hombre mayor. El libro, casi nuevo, se quedó en mi estante. Después comprendí que no siempre es bueno juzgar el pasado con la visión del presente.

Año 2022: Netflix lanza un teaser, anunciando la adaptación de este libro. Mucho se dijo que seguramente arruinaría la historia, era evidente que las expectativas estaban por lo alto. No manifesté mi opinión al respecto, aunque me inclinaba a que no era buena idea llevar a la pantalla la historia de los Buendía. Sin embargo, para emitir un juicio habría que esperar. 

Año 2024: Creo que para noviembre, que Netflix lanzó el tráiler oficial de la serie, yo había olvidado que vendría esta adaptación literaria, pero las imágenes lograron enganchar mi curiosidad. A inicios de diciembre se estrenan los ocho capítulos que conforman la primera parte de la obra. Empecé a ver la serie y surgió la imperiosa necesidad de volver a leer el libro, y fui en busca de la edición ilustrada que estaba casi nueva en el estante.

Año 2024, 24 de diciembre: Aquel día, el cielo de la ciudad de Oaxaca amaneció engrosado de nubes grises y ligeras lloviznas. El corazón se me llenó de soledad y en brazos de mi mamá solté en llanto, le dije que sentía temor de que mi vejez terminará en soledad, sin descendencia y con una familia donde las mujeres nos hemos quedado solas. Más tarde caí en cuenta que estaba somatizando el sentimiento latente del libro. En esta tercera lectura del libro, encontré en las letras de Márquez un sentido más personal y doloroso, sentí la soledad de las pesonajas y personajes como propia. Sin embargo, en páginas posteriores también hallé resignación a mi tristeza, de voz del coronel Aureliano Buendía: 

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”. 

Vi la serie en dos días, no pude resistirme, fui seducida por los lugares, los actores, actrices, las interpretaciones y los diálogos, que son mayoría tomados fielmente del libro. En las primeras imágenes vemos a Aureliano Babilonia, descifrando los manuscritos de Melquiades, que son los últimos párrafos de la obra, para de ahí partir a contar la historia de los Buendía en forma lineal a la temporalidad. Todas las y los personajes creados por García Márquez se profundizan en la pantalla, pero al ver la versión madura de Úrsula Iguarán no pude contener decir “ella es justo cómo la había imaginado cuando leía el libro”.

La temporada culmina con la muerte del patriarca; una bella secuencia donde él junto a Prudencio Aguilar cruzan la constelación del universo, el infinito de estrellas se materializa en flores amarillas que cubren el suelo de Macondo. Ahora la espera es una punzante expectativa, cómo, quiénes serán los demás descendientes de los Buendía, sobre todo mi parte favorita: Meme, hasta que Netflix no sorprenda con la fecha de estreno de la segunda temporada.

Publicado por Liana Pacheco

Liliana Ruiz P. Escribe bajo el seudónimo de Liana Pacheco. Estudió licenciatura en Administración. Lectora ferviente que emprendió a escribir sus propias historias.

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