Comencé por sacar todas mis pertenencias que estaban en una de las habitaciones; vacié cajones, cajas, bolsas. De pronto mi vida estaba apilada en la sala: la ropa que uso en las temporada de frío, algunas chamarras, guantes, gorros, pantalones de pana, por otro lado un poco de moda de primavera, vestidos, faldas, shorts que de solo mirarlos transmiten frescura y comodidad.
Cuando he tomado decisiones importantes desde la emoción, siento que al final son en realidad impulsos, pensamientos que irrumpen en mi cabeza y que se quedan ahí, como una eterna luz parpadeante que no se detendrá hasta que haga algo. Desafortunadamente ese algo, casi siempre se convierte en una mala decisión.
Estaba por mudarme, tenía absolutamente todos mis preciosos objetos ordenados, unos en cajas, otros resguardados entre telas y plásticos para que no se rompieran.
La mudanza nunca llegó. De un momento a otro cambiaron las circunstancias, el departamento que ya tenía visto, después de una segunda inspección, no pasó. Las condiciones que requerimos mi familia y yo, no se cubrían por completo y la vida en el lugar se iba a tornar muy complicada.
Cancelé todo. Hasta el momento en el que escribo estas líneas, mi sueño sigue cancelado. Me cansé, me harté de jugar contra el destino. Hay cosas que simplemente no se nos dan o no se nos darán y hay que vivir con eso, buscar otros caminos.
Es doloroso, es frustrante, lo peor de todo es que las cosas se sienten todavía más pesadas, cuando no es la primera vez que intentamos algo. Para mí es la tercera y estoy a punto de rendirme.
Con todo mi corazón anhelaba recorrer de nuevo los sitios de mi infancia, poder escribir en la tranquilidad del campo, la vida que pasa lentamente y casi sin nosotros.
Soñé con volver a ver el cambio de estaciones, del frío al calor, del invierno a la primavera, el fulgor de los cielos del otoño; nada será posible, por lo menos no como lo pensé.
Ahora debo replantear mis días, mi existencia. No puedo permanecer en el limbo, observando con cierto desconsuelo las cosas, las cajas, los cuadros, los libros, sin encontrarles de nuevo un lugar en la misma casa, dentro de las mismas paredes, pero que para mí han cambiado, porque yo ya no soy la misma.
Es como si en realidad hubiera partido, como si una parte de mí se hubiera ido por la ventana, desapareció un sueño, un deseo.
Habrá que comenzar a sentir de nuevo, cerrar los ojos, esperar que la marea de los días me devuelva la fuerza, o que me dé un sueño nuevo. Quizás escribir otro par de libros, crear algo sobre la página en blanco, reconectar con todo lo que me rodea, volver a llamar a los amigos de los que me despedí.
Mirar por la misma ventana y encontrarme con mi jardín incipiente, y volver a necesitarlo, como se necesitan los buenos libros, los grandes versos que viven en cualquier sitio y que nos remontan a épocas más felices. Hoy no comparto un poema en particular, simplemente la idea de que se acerquen a la literatura cuando quieran, cuando todo lo demás parezca imposible.

Jeanne Karen
Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.


