Vaciar una montaña | Emilia Pérez o el peligro de una sola historia

Por: Samia Badillo

Hace tiempo vi una charla de Chimamanda Adichie llamada “El peligro de una sola historia”. En ella, la escritora africana trata, entre otras cosas, sus primeras experiencias de lectura: ella, una niña negra que vivía en Nigeria, se imaginaba que todos los libros trataban de personajes blancos que hablaban de la nieve y comían manzanas. Cuando comenzó a escribir, a los siete años, sus personajes también eran blancos y hablaban de lo mismo, a pesar de que en Nigeria no nevaba y las frutas que ella comía eran mangos. No fue hasta que encontró autores como Chinua Achebe y Camara Laye que se empezó a sentir representada y comenzó a escribir sobre personas con piel color chocolate, pelo rizado y experiencias afines. Ella está agradecida con los libros británicos y estadounidenses, por permitirle imaginar, pero, expresa con determinación: “el descubrimiento de los escritores africanos hizo esto por mí: me salvó de conocer solo un relato de lo que son los libros.” Es decir: hasta ese momento, ella sólo había leído el punto de vista de una cultura. Ese referente, era su mundo literario. Pero, claramente, no era el mundo.  



Chimamanda en su relato expresa que esa “sola historia” también apareció en otros ámbitos de su vida. Por ejemplo cuando, acostumbrada a oír la conmiseración que sentían algunos miembros de su familia por familias pobres, se sorprendió de que Fide, el hijo de la empleada doméstica de la familia, hizo con gran maestría una cesta hermosa. “No se me había ocurrido que alguien de su familia supiera hacer algo. Lo único que oía de ellos era lo pobres que eran, de modo que me resultaba imposible verlos como algo más que pobres. Su pobreza era mi relato único sobre ellos.”

Ella misma vivió esa “sola historia” cuando, en la universidad, su compañera de piso pensó que no sabía usar la cocina ni hablar bien inglés. “Mi compañera de habitación conocía una única historia sobre África, un relato único de catástrofes. En esa historia no cabía la posibilidad de que los africanos se le parecieran en nada, no había lugar para sentimientos más complejos que la pena ni posibilidad de conexión entre iguales.” 

Chimamanda cita varios ejemplos más, pero creo que entendemos el punto. He recordado mucho esta plática por la polémica que ha habido en redes sobre la película Emilia Pérez (Jacques Audiard, 2024). El film relata la historia de un narco mexicano que contrata a una abogada famosa para que la ayude a hacer su transición a mujer y borrar las huellas de su antiguo yo. Con ello, no solo hay un cambio físico, sino también un cambio moral, pues el narco que otrora fue un sanguinario, se redime y ayuda a las familias de desaparecidos en México. La premisa, sin duda, suena interesante. Lo es. Pero…¿Por qué gran parte de la sociedad mexicana está tan enojada con la película? Si es tan mala como varias personas dicen, ¿Por qué cosechó premios y se perfila como la gran ganadora de los Oscars 2025? ¿Por qué Guillermo del Toro, nuestro Guillermo del Toro, la elogió? ¿Es la sociedad mexicana la más resentida? ¿Es que acaso el norte global se perdió de algo en la conversación? y por último y no menos importante: ¿Se lexicalizará la expresión “Me duele la pinche vulva nada más de acordarme de ti” o sólo será un meme pasajero? 

Está bien. Creo que he sucumbido con esta última parte al tren de sarcasmo de las redes sociales. Y esto es claramente porque no soy neutral, ya que el contexto en el que se da la conversación de la película, me interpela. 

Mi percepción es que la gente está enojada -estamos enojadas-  porque un director extranjero trató la situación de la violencia y la desaparición forzada en México, un tema doloroso para nuestro país, sin mostrar sensibilidad para mostrarlo. ¿Por qué? bueno, el mismo Audiard no tuvo interés por conocer la cultura mexicana (él mismo afirmó en una entrevista que no se le ocurrió investigar sobre México porque no lo creyó necesario); no filmó la mayor parte de la película en México (construyó sets en Francia) y la directora de casting consideró que para los papeles no era necesario contar con elenco mexicano. El director, además, escogió contar la historia a través de un musical, algo que  muchas personas interpretaron como una falta de respeto también, porque un musical se asocia más con un tono alegre, festivo. No con la violencia, los desaparecidos y la muerte. 

Pero…¿Acaso un extranjero no puede hablar en su arte de algo que no conoce o que no tiene que ver con su cultura? no me atrevería afirmar algo así. Pero sin duda, hay aproximaciones a aproximaciones. Pensemos, por ejemplo, el gran recibimiento que tuvo Coco (Lee Unkrich, Adrián Molina), de Pixar. Un estudio extranjero toma una historia que transcurre en el día de muertos, pero investiga de qué se trata la tradición, cómo interpela a la población mexicana y cuáles son los símbolos en los que podríamos reconocernos. Además, en cierto sentido, aprovecha el vínculo profundo que esa fecha genera con nuestra propia afectividad (recordar a seres queridos y honrarlos ese día), para lograr esa conexión emocional. Hay, desde mi punto de vista, un interés por “quién es el otro”. Por eso Coco, “se ganó” a los mexicanos. 

Hay otro gran ejemplo de cómo un director extranjero (español) pudo hablar de un tema doloroso para un país latinoamericano (Uruguay), con profundo respeto. Se trata de La Sociedad de la Nieve (2023), de Juan Antonio Bayona. El director cuenta que desde que conoció el libro, donde varios supervivientes relatan sus vivencias, se sintió interpelado por la historia y que sabía que, para poder dar una visión que conservara el espíritu, las implicaciones emocionales y lo trascendente del hito, tenía que realiza su película en español. «Era muy importante entender el contexto, y para entender el contexto, había que rodar la historia desde dentro»

Con ello, Bayona sabía que, hasta cierto punto, se cerraría las puertas a varios recursos (no solo financiamiento, sino también en la industria) pero, a pesar de ser un director que había debutado en Hollywood, no renunció a su apuesta creativa. Netflix le abrió las arcas y así nació, lo que para mí respecta, una superproducción. ¿Por qué este film, con tanto nivel en dirección, efectos especiales, nivel técnico, no estuvo nominada a 13 oscars? Porque no está hablada en inglés. Porque no es una historia estadounidense que toma la situación de los supervivientes como pretexto para contar una aventura del clásico héroe gringo (como sí lo hizo, por ejemplo, Alive, Frank Marshall , 1974). Porque Bayona se interesó profundamente en representar en pantalla la épica trágica de los supervivientes, con sus propias pérdidas. Varios supervivientes hacen cameos en la película y los actores (uruguayos y argentinos) los conocieron para crear un puente con la obra. 

¿Reconocimiento a la otredad? Sí. Y no sólo eso: una apuesta por contar otra historia. No cayendo en el peligro de solo quedarnos con una (o con usa sola visión hegemónica: la de Hollywood).

Es posible que Emilia Pérez a nivel técnico sea sorprendente. Es posible que la propuesta cinematográfica sea innovadora y que realmente, a nivel narrativo sea una obra interesante. Pero no quiere decir que realmente retrate el dolor, la muerte, la pérdida que significa la crisis de violencia que vive hoy México. Porque nada de eso le interesó al director, ni al equipo creativo. Por eso estamos enojadas. Porque estamos viendo cómo, masivamente, el punto ciego de la hegemonía (Francia, como parte de la hegemonía cultural) no registra a la otredad (latinoamericana) y sólo utiliza sus paisajes, sus historias y sus dolores, como escenario para contar “su historia”, no la nuestra. 

Que nuestro dolor sea el recurso para el entretenimiento (no para la empatía, no para el cuestionamiento, aún a nuestras propias responsabilidades, sino simple y llano entretenimiento), es lo que nos emperra. 

El cine, como bien lo apunta Raquel Maganda, no es inocente. Es un producto cultural que nace de un punto de vista, con intenciones e implicaciones sociales. Estamos enojadas por la instrumentalización. Porque estamos hartas de escuchar y leer las mismas historias. Hartas de que los extranjeros, con su despliegue de recursos, impongan su visión, incluso, de nosotras mismas, como sociedades latinoamericanas. 

Emilia Pérez está cosechando tantos premios porque quien premia tiene también ese punto ciego. Not all members of the film academy, but definitely several members.

¿Deberían esas cadenas de producción cultural (cine, literatura, música, streaming) acercarse a nuestras historias? creo que sería un mundo con mucho mayor riqueza cultural, definitivamente, si así fuera. Pero creo que esta coyuntura, lo que puede poner de manifiesto, es preguntarnos a nosotras como latinoamericanas, si queremos seguir abrevando de las mismas fuentes para recibir historias. 

¿Quiénes son las voces que, como a Chimamanda Adichie, nos harán percatarnos de que hemos visto, por mucho tiempo, las historias del mundo desde uno o dos lentes, pero que esa no es la única historia? 

Emilia Pérez unió a muchas, muches, en la protesta en redes sociales y en las respuestas creativas (la rabia inspiró, por ejemplo, un cortometraje parodiando la película, Johanne Sacreblu, Camila Aurora, 2025). Creo que un ejercicio interesante será preguntarnos ¿qué hacemos con eso? Si Emilia Pérez no nos representó, ¿qué sí? 

¿Dónde están las miradas que, aunque nos confrontan, nos hacen replantearnos nuestros puntos ciegos, para crecer, para dolernos, reponsabilizarnos o enojarnos con otras cosas y de nuevas maneras? 

Los oscars pasarán y en redes sociales saldrá una polémica nueva. Pero lo valioso que trae esta coyuntura es esa voz que revolotea en nosotras y nos dice: allá afuera hay otras historias y otras visiones de las historias ¿Queremos quedarnos realmente sólo con una? 

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).

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