Por Jania Salgado
La lluvia caía con fuerza mientras caminaba por las calles brillantes por los charcos. Entonces la vi, una silueta femenina resguardándose bajo una pequeña sombrilla. Su vestido empapado se ceñía a sus curvas de una manera casi indecente. Una atracción magnética me impulsó hacia ella.Nuestras miradas se encontraron y un relámpago iluminó sus rasgos, revelando unos labios carnosos y ojos profundos. Una belleza sublime que me dejó sin aliento.»Parece una noche complicada con esta tormenta,» comenté, buscando iniciar una conversación.Ella me examinó de arriba a abajo antes de responder. «Las noches de tormenta siempre traen consigo inesperadas… oportunidades.»Su voz era como una melodía cálida que acariciaba mis sentidos. Un escalofrío me recorrió la espalda al comprender el doble sentido de sus palabras. El deseo comenzó a arder dentro de mí.»¿Te gustaría resguardarte en otro lugar en lo que pasa la tormenta?» ofrecí sin poder contenerme. «Hay un café no muy lejos de aquí.»Una sonrisa pícara curvó sus labios. «Me encantaría.»Caminamos juntas bajo la pequeña sombrilla, el roce accidental de su brazo enviaba descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Llegamos al café y nos sentamos en un rincón apartado. Mientras se quitaba la chaqueta empapada, pude admirar la pálida y tentadora piel de sus hombros. «¿Te apetece un vino tinto?» pregunté con voz ronca, necesitada de aliviar mi garganta repentinamente seca.»Mmm, me encantaría,» respondió, cruzando las piernas de una manera que dejaba ver grandes porciones de sus muslos humedecidos.Cuando el mesero se retiró, ella se inclinó hacia mí, acercando su rostro al mío. «¿Y bien? ¿No vas a preguntarme mi nombre?» susurró con voz grave y seductora.»No,» respondí hipnotizada. «Prefiero descubrirlo poco a poco esta noche.»Ella se humedeció los labios lentamente. «Me gusta cómo piensas…»Observé embelesada cómo las gotas de lluvia resbalaban por su cuello esbelto. El deseo por probar esas gotas con mis labios me consumía.»Desde el momento en que te vi ahí bajo la lluvia, supe que esta noche sería diferente…» susurré.»¿Y qué esperabas de esta noche?» preguntó, atrapando su labio inferior entre los dientes.»Esperaba… solo conocerte,» respondí, la mirada perdida en la tentadora curva de sus pechos.Un destello salvaje brilló en sus ojos oscuros. Se inclinó hacia mí, hasta que sus labios rozaron los míos. «Entonces conóceme,» susurró con voz delicadamente sensual.Un rayo iluminó su rostro angelical y sin poder resistir más, la besé con una pasión desatada. Perdí por completo la noción del tiempo y el lugar, solo existía ella y la tormenta de deseo que habíamos desatado.Cuando finalmente rompimos el beso, ambas respirábamos entrecortadamente. «Vamos,» dijo poniéndose de pie y tomándome de la mano. «La noche es joven y los placeres nos esperan…»La seguí en un trance hasta su apartamento. Apenas cruzamos la puerta, me arrojé sobre ella con un impulso salvaje, mordiendo su boca en un beso voraz. Nos arrancamos la ropa frenéticamente en una danza desesperada de sentir piel contra piel, sobrevino un gemido al mismo tiempo que un trueno sacudía los cielos despertándome del trance de fuego interno.“¿Estás bien?», me preguntó en repetidas ocasiones, hasta que regresé a mi realidad, bajo esa tormenta violenta que parecía que el cielo se caía a pedazos y entre las luces del trueno la vi acercándose a mí.»Hay un café no muy lejos de aquí.» Me dijo, mientras le miraba codiciosamente. “Podemos resguardos ahí mientras pasa la tormenta”. ¡Sonreí! Y tomadas de la mano nos fuimos caminando.
