50 sombras de morado | Reconciliarte con tu propio arte

Por Irene González.

He hablado más de una vez de la escritura como refugio. Un hogar, un encuentro con uno mismo. El arte como una manera de sanar. ¿Pero qué pasa cuando el encuentro con tu propia escritura, en lugar de sanar, desgarra?

La escritura puede ser un proceso terapéutico. No importa si nos consideramos escritores o no, si es profesión, hobby o una herramienta de desahogo personal e íntimo. Sin embargo, la escritura y el arte pueden de repente decidirse a sostenernos la mirada, a ladear la cabeza, escépticos, y a dirigirnos unas cuántas preguntas: ¿tú quién te crees que eres para estar haciendo esto? ¿te crees escritor… artista? Pffff…. Y así como así, el refugio toma la forma del miedo. El espacio seguro es secuestrado por las ansiedades, los miedos, las inseguridades. Resulta que la pluma también tiene doble filo.

Sí, se habla del síndrome del impostor, pero esto se siente como algo más. Como una puñalada cada vez que recuerdas el manuscrito que se quedó a la mitad, la falta de aire y el pinchazo de pánico al contar los textos que no hallan final. Enviaste más al cesto de basura – papelera de reciclaje-, que a cualquier revista o convocatoria, y la simple imagen de uno mismo, sentado frente a una página medio garabateada, provoca náuseas.

¿Qué pasó con las historias que escribiste de corrido alguna vez? Aferrarte a recordar esa semana en que tecleaste y tecleaste y tecleaste, deteniéndote únicamente para resolver las necesidades humanas que te mantienen existiendo, sólo vuelve más grande el hoyo en el estómago. Que si fue un episodio maniaco, unos días de hiperfoco, igual no dejas de preguntarte ¿cómo lo logré? Es peligrosamente fácil caer en la romantización del pasado. Entonces, la angustia presente parece caer con el doble del peso en nuestro pecho.

Y luego un círculo vicioso: la ausencia de letras te da para abajo pero pensar en escribir te genera una ansiedad visceral y la culpa de la ansiedad te convierte en una máquina frustrada y el cansancio de la frustración te bajonea más. No sé si fue un círculo o no, pero alguna figura geométrica de pensamientos fatalistas, destructivos y obsesivos de repente paraliza cualquier asomo de creatividad. Si una idea nace, lo hace en medio de esta figura que se encarga rápidamente de asfixiarla. Y el tiempo que pasa, le alimenta.

Bloqueo artístico, síndrome del ímpostor. Bien cliché la problemática, bien real el dolor. Quema el pecho extrañar el amor por la creación. Sentirse perdido en el terreno que pensabas conocer mejor. Porque cuando los mismos demonios por los cuales te inventaste ese espacio, lo secuestran y lo vuelven suyo… ¿a dónde huye uno? A lugares todavía más oscuros. Y es ahí donde uno busca la reconciliación. Se obliga a ello, porque es eso o seguir descendiendo. Retomar, poco a poco, incluso si todavía da miedo.

Haz borrado treinta veces la misma línea, pero al menos todavía estas ahí, combinando letras en algo que casi, casiiiiii se convierte en el borrador de un breve artículo. Un pequeño desahogo de pecho, más que artículo, y una publicación más que borrador, porque ni pensar en arriesgarnos a dejarlo para siempre guardado en la papelera de WordPress por los siglos de los siglos amén. Soltar, teclear, darle clic al botón de publicar. Y a seguirle.


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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